martes, 9 de enero de 2018

Fragmento de un cuento

Cuando nací, podría la noche haber hecho del grito un collar de alondras negras. Sin embargo estoy aquí callada viendo cómo los ojos de mamá se están cociendo en el barro. Me limpio. Desde la cocina oigo a mamá decir a la abuela que la niña de Lola murió anoche de unas fiebres. Que hoy va a ser el entierro. Veo cómo las moscas se alejan de las ventanas para acercarse a la fruta. Mamá intenta espantarlas con las manos. La abuela hace el mismo gesto. Las manos de la abuela son iguales que las manos de mamá. Las manos de la abuela son más grandes que las mías. Hija, coge el matamoscas. Cae una al suelo. Las demás aprietan sus cuerpos para que el golpe no se las lleve a la otra orilla.

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