lunes, 30 de mayo de 2016

Morada verde



 Francesca Woodman


Reconocer que mi ojo es una araña entre mi pecho y mi diafragma.
La virtud de que la infancia es una piedra que no tiembla.
La virtud de mutilar el poema después de quemar mis huesos en tu casa.

 

domingo, 15 de mayo de 2016

Día 53: Describir la poética del sacrificio

Rinko Kawauchi


Mamá se corta las manos para tocar a papá.
La herida se ha de interpretar con la fiebre.
¿Pero cuándo empiezo a conjugar mis miedos?
Es la altura de coger la última estrella.
Mis dedos huelen a sangre 
y tiemblan cuando tocan el aire
que humedeció mis cenizas. 

domingo, 8 de mayo de 2016

Día 40: hablemos de temblor

Nobuyoshi Araki



Nervios.
Dos ángeles apuntándose en un espejo.
La bomba calla como un niño.
Las flores amenazan con que cada vez son más grandes.
Toda química es un agujero en mi garganta.
La libélula sufre.
Escupo lo que mi mano no puede tocar.
El temblor es un ojo cayendo de un tercer piso.
La mariposa lo recoge.
Ya no hay nadie que corte la enfermedad de que todas las nubes
son enterradas por el mismo carnicero.
Ahora quién grita a quién
si el llanto no se quita con lejía
si en la caja solo había excrementos
de un pájaro que no sabía volar.
Dime cuál es la pregunta que me hace hambre, olivo y ceniza.
Los niños se cortan las uñas para tocar la piedra.
El cielo todavía está contaminado.
Mi cuerpo está contaminado.
Las gaviotas están contaminadas.
El poema es un cuchillo que se suicida.
Ahora qué hacer con la mirada de quién está en una caja de púas.
Qué hacer con las células verdes de quién es amamantado con saliva.
Alguien aúlla y no es cristo besándose a sí mismo.
Los bomberos buscan el incendio que heló las manos de un niño
que no sabía volver a casa.
Alguien aúlla y no son mis gusanos estrangulados
en la última parada del amanecer.
Qué hacer con esta leche que se derrama por mis ojos
Qué hacer si todos los insectos no mueren de la misma manera.
Alguien aúlla.


viernes, 6 de mayo de 2016

Sueño o polen

Nobuyoshi Araki


Tener hambre y pensar que es una forma distinta de dar la náusea.
Coger todos las flores y tener  miedo por no saber pronunciar lo que dice el agua.
A veces vomito la leche y el sol se queda enterrado en mis encías.
Las nubes ladran y hay alguien, arañando un atáud,
no sabemos quién, pero el cielo se está lamiendo como si fuera un cuchillo.

domingo, 1 de mayo de 2016

Día 32: la muerte contagiada por flores y glóbulos

Nobuyoshi Araki


Para hablar del vértigo hay que interrumpir el precipicio.
Para hablar de mis cenizas hay que saber que las flores son comestibles,
que el sol calienta los huesos para escribir de nuevo el orgasmo.
Para cerrar la herida hay que saber morder la puerta.