domingo, 31 de enero de 2016

Aúllo hogueras verdes.

Niño, que escupes las trenzas de coser de tu madre, juega con el árbol y con el cuchillo.
El caballo se ríe porque tu vientre está pintado de cal.
Las ranas duermen.
Y el agua corre estéril en tu garganta.
La luna te corta la sangre de tus ojos porque no quiere sentir tus lágrimas de litio.
Abajo tu madre está segando el cuerpo de una niña que no sabía traducir
el frío de las montañas por lejía quemada.
Abajo está el camino de peces y esperma.
No te comas la ventana.
No mastiques despacio las tripas del conejo
porque vendrá el médico y te dirá que tienes que comerte las libélulas recién nacidas
para que puedas vocalizar los distintos músculos que tiene tu madre.
Abajo las mariposas corren con piernas de lavanda.
Abajo el corazón vomita una hoguera verde.
Abajo la  niña coge su médula y  la ahoga en un recipiente lleno de sal.
Abajo la espesura es un mito.
Ay, niño, que aúllas el dedo mutilado, la historia de un árbol que todavía no se ha ahorcado, limpia tus manos, limpia tus pulmones,
que mañana el vómito será cemento será vientre será 
golondrina encerrándose en mi ojo.