domingo, 8 de mayo de 2016

Día 40: hablemos de temblor

Nobuyoshi Araki



Nervios.
Dos ángeles apuntándose en un espejo.
La bomba calla como un niño.
Las flores amenazan con que cada vez son más grandes.
Toda química es un agujero en mi garganta.
La libélula sufre.
Escupo lo que mi mano no puede tocar.
El temblor es un ojo cayendo de un tercer piso.
La mariposa lo recoge.
Ya no hay nadie que corte la enfermedad de que todas las nubes
son enterradas por el mismo carnicero.
Ahora quién grita a quién
si el llanto no se quita con lejía
si en la caja solo había excrementos
de un pájaro que no sabía volar.
Dime cuál es la pregunta que me hace hambre, olivo y ceniza.
Los niños se cortan las uñas para tocar la piedra.
El cielo todavía está contaminado.
Mi cuerpo está contaminado.
Las gaviotas están contaminadas.
El poema es un cuchillo que se suicida.
Ahora qué hacer con la mirada de quién está en una caja de púas.
Qué hacer con las células verdes de quién es amamantado con saliva.
Alguien aúlla y no es cristo besándose a sí mismo.
Los bomberos buscan el incendio que heló las manos de un niño
que no sabía volver a casa.
Alguien aúlla y no son mis gusanos estrangulados
en la última parada del amanecer.
Qué hacer con esta leche que se derrama por mis ojos
Qué hacer si todos los insectos no mueren de la misma manera.
Alguien aúlla.


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