miércoles, 6 de abril de 2016

La casa de las luciérnagas

No sé cuántos poemarios he escrito ya, otra cosa son los que he publicado. Este lunes 4 de abril ha salido mi poemario con el que gané el I premio Valparaíso de poesía. No me lo esperaba, la verdad. Me acuerdo de que hace casi dos años salió mi primer poemario Amapolas en enero. No he hablado de ello, porque también estaba escribiendo otro poemario, que casi lo llevo por la mitad, y haciendo trabajos del máster. 

Qué decir de este poemario, lo escribí durante el verano pasado, había escrito varios poemas por aquí y en mi otro blog, casi de la misma temática. Siempre he pensado en poetizar todo lo que era la parte de Níjar, sobre todo la zona de mi cortijo, tan árida y tan salvaje,  mi refugio preferido. He querido llevar al papel una memoria ficticia personal.

Dos referencias me han servido mucho: Federico García Lorca y Herta Müller. 
Aquí os dejo el primer texto del poemario.
Agradecer mucho a todos los que estais interesados por leer el poemario.
Agradecer a mis padres, a mis hermanas, son las personas imprescindibles en mi vida.
Y agradecer a Rodrigo, por su dulce y atenta mirada que siempre hace a los poemarios que escribo, y a quien admiro desde la primera vez que hablé con él.
Agradecer a la editorial Valparaíso por su confianza, por los miembros del jurado, gracias y mil gracias :)

 
Instrucciones para repetir la herida



1. No dejes que la cría del lobo lea el poema, se morirá de frío. Se morirá de tristeza. Se morirá con el pelaje escamado, con el hocico abierto, con la boca pidiendo piedras rojas.

2. Los niños quieren escribir un poema que haga llorar a las mariposas, que haga llorar a las polillas y las cigarras que van a nacer hoy.

3. Mamá me enseñó que el poema puede ser una imagen que abra las puertas hacia lo desconocido.

Puede ser el sueño de una luciérnaga o el corazón de un becerro cuajándose por la noche.

3.1 Mamá me enseñó que el poema puede ser una jaula en la que podía más adelante colorear sus entrañas.

4. Tendría que saber dónde está la herida que me hizo perdonar a mi hermana, tendría que saber si en esa herida se escondía la tumba del fuego se escondía la parábola mal traducida se escondía la misericordia de todos los pájaros que agonizaban en el asfalto.

4.1 Tendría que haber tocado la sangre caliente que se derramaba por mi cuello si quería que el poema fuera un cuchillo, que está latiendo entre cenizas.

4.2 Derramé la sangre como si fuera leche, porque llevé puesto un collar de espinas en esa noche en que la luna cegó a las perdices, que se habían despertado para mudar la pluma. Un collar para recordar la muerte de mi abuela.

5. No importa si el corte se ha hecho en horizontal, si la gallina ha sido degollada por dos amantes, si la niña ha sido ahogada por la sinestesia.

5.1. No importa, mamá me enseñó que para escribir primero hay que ser precipicio, luego hay que tender la mano de quién se cae, limpiarla con lejía y por último descansar sobre la herida que ya no sangra.


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