sábado, 20 de febrero de 2016

Creo en lo que escribo no en el amor

Creo en la extrañeza que consume mi corazón.
Creo en mi corazón que muda 
el petróleo   la vista  el pétalo  la estaca  el glóbulo  y la lejía.
Creo en la tristeza de mis músculos.
Creo en el aullido de quien recita sus células más podridas.
Creo en alguien que ladra y muere en sus propios brazos.
Creo en la basura.
Creo en el verbo que quiere ser animal.
Creo en el orgasmo que desgarra
en el texto que me escupe
que me diga que no estoy ciega
que me diga que no estoy sola  para celebrar mi muerte.
Creo en el río que lleva mi sangre hasta los ojos de un perro que sabe lamer la belleza.
Creo en la quemadura   en la mano que limpia mis vómitos.
Creo en la grieta   en la habitación hinchada de vacío.
Creo en mis rodillas quemadas.
Creo en el lenguaje que me arranca los ojos
que me arranca el estómago y las larvas de metal.
Creo en la lluvia que me hace huida.
Creo en el árbol cuyas ramas lastiman los peces que hay en mi estómago.
Creo en la pared que está desconchada.
Creo en esos pétalos amarillos que me dicen que  tengo puñales donde la noche no respira.
Creo en las chumberas que me recogen de la caída.
Creo en el poema que no es poema
creo en el poema que quiere ser cigarra en los ojos de un niño dormido
creo en el poema que raja mi vientre de yodo y esparto,
creo en el poema que me hace niña hoguera entraña y color verde
creo en el poema que mancha mis trenzas de ceniza
que mancha la mesa sobre la cual coloco cada día mis intestinos.

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