sábado, 3 de diciembre de 2016

Empezar

Si el perro lamiera mis encías si el médico me dijera está sana lo que guarda es un gorrión no un cuchillo que crece en la hierba si el lápiz que arrancara la piel no cae si fuera niña rapaz llamaría al violinista tendríamos seis estrellas y les hablaría con el idioma de las lilas con el amor de una nueva lengua tendrían nombres infinitos nombres de árboles y montañas les susurraría que su madre está sana que no hace daño la lluvia que las golondrinas cierran el círculo azul de sus venas cuando se va el invierno cuando niña y tierra se hayan unido. 

viernes, 25 de noviembre de 2016

domingo, 20 de noviembre de 2016

"Pero la vida de F. no es una película americana"

En el barrio dicen que F. siempre fue un chico raro.
Jugaba con la corteza azul de los chopos y hacía primavera.
Maldice la pubertad con sus sóleos iluminándole las piernas.
Tiene amapolas descarnadas en su ano, en sus mejillas.
Le ha crecido un prado de malvas sobre el abdomen.
El viento se pierde en una trinchera de pelo oscuro.
F. ha dejado la paleontología por su carrera de modelo.
Se ha quitado las gafas y el diastema hasta sangrar plástico.
El especialista le receta cortinas de ibuprofeno.
Pero no basta para F. que busca con sus antebrazos
Un filo y se encuentra con los dientes de sus padres:
Tiene el sexo enfermo. Cambia las cortinas analgésicas
Por las garras de un espejo que pronuncia el nombre de su abuelo.
Le queda en la mirada una tierra dura. Su iris se enfrenta abandonado al mundo.
Desea una boca con la que aprender a pronunciar la palabra olvido.
Pero unas cuantas letras no borran las estrías del vello púbico.
F. ahorca la histeria con su epidídimo, destruye sobre sus pies una ventana.
El especialista piensa que quizá debería masturbarse mientras lee Kant.
F. ha bailado hasta la desnude unas convulsiones culpables sobre el altar.
El cura dice que ese chico no puede beber la sangre de Cristo.
Fue primero un rutilante trastorno sobre su cuerpo de niño.
La adolescencia le condena a un cuerpo mutilado por la moral.
Su cuerpo late rojizo en las camas de cualquiera que crea en su belleza.
Su cuerpo le late en el vientre, en los muslos, en las manos, en el cuello.
El especialista no sabe si pedirle que escriba un diario.
F. ha cogido un vaso de agua y ha trenzado una alfombra azul diazepam.
Sus ríos viscerales sueñan con la irremediable cascada esofágica.
El especialista les dice a sus padres que todo saldrá bien.
Pero la vida de F. no es una película americana.
Le detienen por practicar sexo en la vía pública. Su padre le pegó.
El cuerpo pueril de F. es un río visceral llorando violeta.
El especialista le interna porque su tronco ha sido un accidente de una vía.
Contiene un mar de semen en sus testículos precoces.
No le tiene miedo al tren.
F. se ha ido de casa una semana y ha vendido su cuerpo al infinito.
Al final vuelve con las siglas VIH en las cejas opacas. Pero siempre hay suerte.
Ha dibujado un mapa de ansiedad en los caminos azules de sus muñecas.
F. es irremediablemente bello. No puede evitar ser miserable.
Y eso dilata su perfección líquida. Sus ojos estrábicos  miran a la Luna.
Miran en el tórax perforado de un hombre que promete amarle.
El especialista no sabe curarle y le ha recetado una soga.
Ese desorden mental, quien lo recoge. Huele a sangre.
Un poema que soporte dosis letales de toda la euforia química.
Sus padres, el especialista, el panadero, la peluquera, el viejo del quinto.
Las cigarras se suicidan en las voces de sus inviernos.
Nadie se ensaña con su cadáver, aún es intocable.
En el barrio dicen que F. siempre fue un chico raro.
Su idioma corpóreo es una ruina refulgente, aún tierna.
Todavía le queda carne en los muslos que quiere someter a juicio.
F. tiene un plan: lo escribe desde la habitación seiscientos veinte.
Lo escribe porque no cree en las soluciones intravenosas de escarabajos.
Tampoco cree en los confesionarios, pero necesita vomitar su historia.

Poema que pertenece al libro La caricia de las amapolas, de Rodrigo García Marina, con el que consiguió el Premio de Poesía Saulo Torón 2015.

martes, 25 de octubre de 2016

"Vuelo interrumpido"

"Cuando me abran el vientre en una mesa de operaciones, en busca del hígado, o de la vesícula, o del estómago, encontrarán en lugar de vísceras un silencio de quintas desiertas y el ladrar lejano de los perros, la inquietud de los perros llamando, sobresaltados, a la madrugada. La luz del Algarve, la luz de Messines, se pegaba a los pulgares como un polvo de mariposas, si toco una casa o una calle, o un río, la marca de mi mano queda impresa en las cosas como en el barro húmedo de la escuela, hueco de la palma, falanges, uñas, puedo robarle un pedazo a esta tarde, llevarlo en un bolsillo hasta Lisboa, sacarlo del bolsillo y quedarme mirando durante mucho tiempo los campos desdeñados por las olas, los perros cabizbajos que trotan entre las viñas al paso oblicuo de los zorros, la tímida penumbra de los porches, la tierra que el mar desprecia como un hueso inútil, un hueso hueco como los de las aves, asesinadas en un vuelo interrumpido".

Conocimiento del infierno, de António Lobo Antunes, (2007).

jueves, 20 de octubre de 2016

"Mi madre es un pez"

"Entonces echo a correr. Corro hacia la parte de atrás y llego al borde del porche y me paro. Y me pongo a llorar. Veo el sitio en el polvo donde ha estado el pez. Ahora, hecho trozos, ya no es un pez, y ya no me puede manchar de sangre las manos y el mono. Antes no era lo mismo. Aún no había pasado esto. Pero ahora ella se está alejando tanto que ya no puedo alcanzarla"

Mientras agonizo, de William Faulkner (2011).

miércoles, 19 de octubre de 2016

Grito o fractura

"-No me gusta esta vértebra
de modo que pueden partirle los tobillos al buey, me he equivocado, no dispare a los perros del abuelo, dispáreme a mí, la baba de ellos, el hambre, ningún grito a pesar de tantos gritos, cada gesto que no hacía gritaba, cada movimiento de la cabeza en la almohada gritaba, cada centímetro de piel gritaba, qué difícil esconder este miedo, el abuelo siempre solo, comía con movimientos que no parecían a los nuestros, no oía cuando caían los erizos de los castaños, cada tren el mismo tren y sin embargo sí los oía el perfume de los frascos vacías y sus frases sin peso llamándolo
-Carlos".

Sobre los ríos que van, António Lobo Antunes (2015).

lunes, 10 de octubre de 2016

La sangre es un desecho peligroso

"Aquella mujer volvía del hospital en el que trabajaba como enfermera y se iba a casa, así que le formulé una pregunta que me había rondado por la cabeza desde mi último día en el laboratorio:
¿Qué hacen con la sangre? Quiero decir, cuando han acabado con ella.
¿Qué sangre?, me preguntó.
La de los análisis. Cuando han hecho un análisis por si tienes alguna enfermedad o para mirar los niveles hormonales o lo que sea. La sangre que hay en esos tubos de ensayo, ¿qué ocurre con ella?
Bueno, la tiran. Es un desecho peligroso.
Pero ¿dónde va a parar?
A un lugar seguro. Primero a un tubo, luego a un contenedor de desechos peligrosos, que después se lleva una empresa. Los trasladan a un lugar seguro y nadie vuelve a tocarlos jamás",

Nunca falta nadie, de Catherine Lacey (2016).

domingo, 2 de octubre de 2016

Carta a AngélIca Liddell

Había soñado que éramos niñas con las rodillas manchadas de polen. Sosteníamos la caída y la fiebre de las estrellas. Sosteníamos los hornos encendidos de lenguaje. Habías recitado la canción de las plagas. Las ratas temían hablar como los dioses. Habíamos trenzado nuestros pulmones con sal y purpurina. Y decíamos que éramos amantes por tener la cara pálida de haber amamantado osos que arrancaban la piel a los niños. Éramos niñas o libélulas flotando en el agua. Mariposas de nieve embalsamadas con cloro. Soñabas con ser Ofelia o Ana. Soñabas con peluches en un vídeo porno. Masturbabas el invierno con flores empapadas de cianuro. Éramos niñas y no podíamos olvidar la nostalgia como un animal que visitaba nuestros huesos calientes, que los mordía dejando la historia con placas rebosantes de pus. La infancia era como un concierto donde los perros mordían nuestra sangre porque creían que nuestros corazones de tres lunas podían oler a lejía. Preguntábamos a los árboles, a las luciérnagas que hurgaban en el sexo de las nubes y a los dioses que se inyectaban polvo de hadas por el tiempo por las almohadas manchadas de sangre por los colores que eran infinitos.

Había soñado, Angélica, que la belleza era un niño que me señalaba el cielo con su escopeta, y sus ojos derramaban esperanza.


Quemaba, el cielo nos quemaba.

domingo, 25 de septiembre de 2016

1937

la amiga de mi abuela tenía el vientre abultado de una golondrina
me trenzaba el cuello cuando no podía masticar la carne de la liebre
me limpiaba las uñas
y me decía que algún día el sol podría ahogarse en la esquina de sus ojos

la amiga de mi abuela sabía contar las luciérnagas que flotaban en su pecho
había cumplido ochenta años el 18 de octubre
estaba contenta deshaciendo su chal gris

deshaciendo mis ojeras que me hacían de noche
al día siguiente
tuvieron que sacarla de una grieta

tuvieron que pesar los alambres que sujetaba el frío

para decidir qué flores había que masticar
cuando la arena nos separaba los unos de los otros.

domingo, 4 de septiembre de 2016

"Es mineral excepto el miedo"

"El viento de regreso a la copa de la haya, las vacas como peñascos con lamentos profundos, la forma en que los ojos de esas rocas con pestañas me siguen, piensan que voy a clavarles un clavo en las vértebras, colgarlas de hierros y no se enfadan ni imploran, sollozan la impresión de que todo esta noche es mineral  excepto el miedo, las figuras de los azulejos antiguos, hombres con túnicas, cerdos, picadores, azules en un paisaje de naranjos azules asombrados ante mí, viéndome entrar en el restaurante, abrir la bolsa conversando conmigo misma"

António Lobo Antunes, Exhortación a los cocodrilos (2013).

lunes, 15 de agosto de 2016

"Liebre blanca"

"Padre, la liebre blanca nos expulsa de la vida. Cada vez crece en más rostros en las concavidades de las mejillas. Aunque todavía no es adulta en mí, contempla mi carne desde dentro, porque también es la suya. Aymé. Sus ojos son carbones; su hocico, una escudilla de hojalata; sus patas, atizadores; su tripa, una vagoneta en el sótano; su camino, una vía empinada que asciende hasta la montaña. Todavía está dentro de mí, despellejada y rosácea, esperando con su propio cuchillo, que también es el cuchillo del pan de Fenja". 

Herta Müller, Todo lo que tengo lo llevo conmigo (2016).

miércoles, 27 de julio de 2016

Mutación

Pronuncio más la ceniza que tu nombre
a saber si los árboles crecen como cuchillos
a saber si un espejo delata quién me ha escupido con las manos vacías
ahí estaba yo mordiendo las rodillas como si fueran piedras
como si hubiera creído que un claro de luna
habría despellejado el cadáver de una niña
en un nido que se estaba construyendo
para detener el silencio de los tulipanes
mi boca está abierta está distinguiendo
el dolor del tallo quemado
he olvidado cómo limpiar mi vientre con acero
cómo desconchar tus ojeras en un crucifijo de agua salada
he olvidado cómo echar la harina sobre el órgano que está más limpio
déjame me he insistido en volver  pero lo único que he hecho
es abandonar mis huesos cuajados de yodo y musgo
me he reído cuando la ruina
había sido traducido en el idioma de los peces
porque no es verdad
como tampoco es verdad el escupitajo
la sinceridad de una calle sucia de botellas y camas de humo
te podría haber perdido y la niña habria reconocido su rostro y el tiempo en una soga
de ostras y medusas
habría reconocido que escribir era una traducción de un arte
con el que se podía masticar bien lo invisible de cada uno
habría estado ciega pero aun así feliz
con mi mano creciendo en mi vientre.  

domingo, 10 de julio de 2016

Desprotección

El amor es una jaula a quien le ha quitado la libertad que nunca tenía.
Piensa en lo que has hecho.
Piensa en la rata.
Piensa en el esperma. Piensa en la herida.
Piensa que todo va bien cuando el poema es una pequeña parte de lo que sientes
que apenas sabes que apenas conoces
porque todo es un círculo plano
porque el poema no es un espejo
sino un jardín lleno de lombrices que te cuida.
Piensa que estás enamorada pero solo es un pasillo en el que el conejo
busca el paraguas para asesinar las nubes
que están por encima de tu cabeza.
Piensa en el poema
piensa  en los cuidados intensivos
ya que en la cama se celebra tanto el luto como el amor
piensa en el color blanco piensa en el óxido
piensa en la vulnerabilidad
piensa en las ojeras de un nuevo dios
piensa en la pregunta
las lágrimas no son de color lavanda
pero te gustaría que lo fueran
color lavanda para comprender al ciervo
al ciervo que está arrodillado frente al árbol
mirando el infinito como si fuera su madre
como si pidieras perdón a ti misma
pero en realidad se lo estás pidiendo a los demás
piensa en la interpretación
piensa que estoy sentada sin labios ni peces
ni cometas rojos
ni pulmones
el amor es el odio inacabado
inacabado
inacabado
(cierra paréntesis)



domingo, 3 de julio de 2016

Continuidad

Alfred Kubin



¿Por qué razón las cosas mueren dentro de nosotros?
Antonio Lobo Antunes

No sé por qué tengo miedo a la palabra.
Será porque no sobrevive mi cuerpo.
Será porque es orina
porque es ojo
porque es el mar que mata al pájaro
y no mi vientre.
Tengo miedo del poema.
No es laceración.
No es placenta.
No es óvulo. No es jaula.
La palabra.
No es coágulo.
Aquí la madre espera cortar la mano a la hija
con una ventana.
El pico de la golondrina como una piedra como un incendio como un árbol.
La palabra. No es el significado que doy es el significado que dan.
Ofrenda. El perro muerde la mano.
Es por el olor a narciso.
Es por el olor a carne cruda.
Trenza ahogándome en un cielo de amoniaco.

jueves, 2 de junio de 2016

Un poema que he preferido dejarlo aquí


 Trauma



La mano cortada

el coágulo
las golondrinas mordiendo el asfalto

ventana o muro de cemento
escucho las púas en mis ojos

un ataúd
las nubes se ahogan

dependiendo del óxido de la jaula
las rocas tiemblan como la infancia

los niños caminan con las botas de sus padres
como si fueran vacas muertas

preguntan por la metáfora
el síntoma de un último refugio

las luciérnagas limpian la casa
la habitación

con un alambre que tiembla de rojo.

lunes, 30 de mayo de 2016

Morada verde



 Francesca Woodman


Reconocer que mi ojo es una araña entre mi pecho y mi diafragma.
La virtud de que la infancia es una piedra que no tiembla.
La virtud de mutilar el poema después de quemar mis huesos en tu casa.

 

domingo, 15 de mayo de 2016

Día 53: Describir la poética del sacrificio

Rinko Kawauchi


Mamá se corta las manos para tocar a papá.
La herida se ha de interpretar con la fiebre.
¿Pero cuándo empiezo a conjugar mis miedos?
Es la altura de coger la última estrella.
Mis dedos huelen a sangre 
y tiemblan cuando tocan el aire
que humedeció mis cenizas. 

domingo, 8 de mayo de 2016

Día 40: hablemos de temblor

Nobuyoshi Araki



Nervios.
Dos ángeles apuntándose en un espejo.
La bomba calla como un niño.
Las flores amenazan con que cada vez son más grandes.
Toda química es un agujero en mi garganta.
La libélula sufre.
Escupo lo que mi mano no puede tocar.
El temblor es un ojo cayendo de un tercer piso.
La mariposa lo recoge.
Ya no hay nadie que corte la enfermedad de que todas las nubes
son enterradas por el mismo carnicero.
Ahora quién grita a quién
si el llanto no se quita con lejía
si en la caja solo había excrementos
de un pájaro que no sabía volar.
Dime cuál es la pregunta que me hace hambre, olivo y ceniza.
Los niños se cortan las uñas para tocar la piedra.
El cielo todavía está contaminado.
Mi cuerpo está contaminado.
Las gaviotas están contaminadas.
El poema es un cuchillo que se suicida.
Ahora qué hacer con la mirada de quién está en una caja de púas.
Qué hacer con las células verdes de quién es amamantado con saliva.
Alguien aúlla y no es cristo besándose a sí mismo.
Los bomberos buscan el incendio que heló las manos de un niño
que no sabía volver a casa.
Alguien aúlla y no son mis gusanos estrangulados
en la última parada del amanecer.
Qué hacer con esta leche que se derrama por mis ojos
Qué hacer si todos los insectos no mueren de la misma manera.
Alguien aúlla.


viernes, 6 de mayo de 2016

Sueño o polen

Nobuyoshi Araki


Tener hambre y pensar que es una forma distinta de dar la náusea.
Coger todos las flores y tener  miedo por no saber pronunciar lo que dice el agua.
A veces vomito la leche y el sol se queda enterrado en mis encías.
Las nubes ladran y hay alguien, arañando un atáud,
no sabemos quién, pero el cielo se está lamiendo como si fuera un cuchillo.

domingo, 1 de mayo de 2016

Día 32: la muerte contagiada por flores y glóbulos

Nobuyoshi Araki


Para hablar del vértigo hay que interrumpir el precipicio.
Para hablar de mis cenizas hay que saber que las flores son comestibles,
que el sol calienta los huesos para escribir de nuevo el orgasmo.
Para cerrar la herida hay que saber morder la puerta.

martes, 26 de abril de 2016

Insomnio o mediodía

Masao Yamamoto



Vomitar la luz. Sostener la mano que tiembla en mi pecho.
Decir que busco el principio de toda hambre.
 

viernes, 22 de abril de 2016

Otra noche

Masao Yamamoto


Supongo que la noche más cruel será la más silenciosa
Angélica Liddell




Cerrar un poemario. Tener hambre de ti misma.

miércoles, 6 de abril de 2016

La casa de las luciérnagas

No sé cuántos poemarios he escrito ya, otra cosa son los que he publicado. Este lunes 4 de abril ha salido mi poemario con el que gané el I premio Valparaíso de poesía. No me lo esperaba, la verdad. Me acuerdo de que hace casi dos años salió mi primer poemario Amapolas en enero. No he hablado de ello, porque también estaba escribiendo otro poemario, que casi lo llevo por la mitad, y haciendo trabajos del máster. 

Qué decir de este poemario, lo escribí durante el verano pasado, había escrito varios poemas por aquí y en mi otro blog, casi de la misma temática. Siempre he pensado en poetizar todo lo que era la parte de Níjar, sobre todo la zona de mi cortijo, tan árida y tan salvaje,  mi refugio preferido. He querido llevar al papel una memoria ficticia personal.

Dos referencias me han servido mucho: Federico García Lorca y Herta Müller. 
Aquí os dejo el primer texto del poemario.
Agradecer mucho a todos los que estais interesados por leer el poemario.
Agradecer a mis padres, a mis hermanas, son las personas imprescindibles en mi vida.
Y agradecer a Rodrigo, por su dulce y atenta mirada que siempre hace a los poemarios que escribo, y a quien admiro desde la primera vez que hablé con él.
Agradecer a la editorial Valparaíso por su confianza, por los miembros del jurado, gracias y mil gracias :)

 
Instrucciones para repetir la herida



1. No dejes que la cría del lobo lea el poema, se morirá de frío. Se morirá de tristeza. Se morirá con el pelaje escamado, con el hocico abierto, con la boca pidiendo piedras rojas.

2. Los niños quieren escribir un poema que haga llorar a las mariposas, que haga llorar a las polillas y las cigarras que van a nacer hoy.

3. Mamá me enseñó que el poema puede ser una imagen que abra las puertas hacia lo desconocido.

Puede ser el sueño de una luciérnaga o el corazón de un becerro cuajándose por la noche.

3.1 Mamá me enseñó que el poema puede ser una jaula en la que podía más adelante colorear sus entrañas.

4. Tendría que saber dónde está la herida que me hizo perdonar a mi hermana, tendría que saber si en esa herida se escondía la tumba del fuego se escondía la parábola mal traducida se escondía la misericordia de todos los pájaros que agonizaban en el asfalto.

4.1 Tendría que haber tocado la sangre caliente que se derramaba por mi cuello si quería que el poema fuera un cuchillo, que está latiendo entre cenizas.

4.2 Derramé la sangre como si fuera leche, porque llevé puesto un collar de espinas en esa noche en que la luna cegó a las perdices, que se habían despertado para mudar la pluma. Un collar para recordar la muerte de mi abuela.

5. No importa si el corte se ha hecho en horizontal, si la gallina ha sido degollada por dos amantes, si la niña ha sido ahogada por la sinestesia.

5.1. No importa, mamá me enseñó que para escribir primero hay que ser precipicio, luego hay que tender la mano de quién se cae, limpiarla con lejía y por último descansar sobre la herida que ya no sangra.


viernes, 1 de abril de 2016

Un animal triste en mi boca.

Dónde está la mordedura si mi pecho no sabe ladrar.

Al principio creía que unos buenos dientes me podrían salvar de la caída,
pero no de un buen arañazo, no de un bisturí o no de la venda empapada
de llantos coloreados con lejía.
A veces papá me miraba cuando la luna se arrancaba la lengua
aquella niña que no sabía distinguir la mariposa de lo que era una avispa ardiendo entre las piernas,
acaso las mariposas sabían dónde estaba la boca y dónde estaba el borde de un cuchillo.
Me comí las manos para no multiplicar los muertos que había en mi memoria.
Desnuda estaba la casa, desnuda estaba yo cuando el invierno
no sabía distinguir la nieve del color del suicidio.
Estaba llorando porque mi clítoris sabía expresar la tristeza
mejor que mi corazón bien colocado entre mis pulmones,
entre un latido y otro puedes pasar del daño a la indiferencia.
El niño le preguntó a un árbol por qué los ahorcados no se caen
porque nadie ha aprendido a caerse como un muerto.
La luna se arrancó la lengua
cuando las ninfas con sus pies de cemento bailaban entre columpios y
rosas que apenas cumplían tres días de vida y dos noches de descanso.
Hay niñas que saben que la  verdadera bala viene después del disparo,
que estamos esperando a que dios se muerda la boca a que la hoguera apague la llama
y que esa llama queme mis huesecitos guardados en la mesa de la televisión.
Había olvidado que la quemadura era para saber dónde estaba el norte y dónde estaba el sur de tus cenizas.
Mi cuerpo desmayado en calles de febrero y mi papá cosiendo montañas de trigo
para que la mañana muriera despacio para soñar más deprisa
para que las ninfas con pies de cemento pudieran saber que el sol es un cadáver dentro de un cadáver,
que no es de color gris sino de un color traspuesto por otro color,
que el sabor de la fresa sigue siendo el mismo,
que nadie muere porque la palabra muere,
sino porque la palabra no significa nada.







viernes, 25 de marzo de 2016

Cuando el dolor significa dos cuerpos separados de la herida


No separemos la leche de la sangre.
Cómo se hace la herida si el cuerpo no tiembla. 
Nos hemos mirado y el dolor escupe como una montaña.
La luz se hace quemadura en los dientes.
Y no podemos morder la arena
si el mar llora como nosotros.
La ternura de estar en el horno quemando nuestras manos
como si la noche estuviera atenta a nuestros huesos.
Nos hemos pintado los glóbulos.
Nos hemos pintado una bandera.
Nos hemos pintado una zanahoria entre los pulmones
para decir que el corazón no se puede comer
no se puede coger con un cuchillo
y decir que estamos a salvo.
Un hombre se peina solo su garganta en una tienda de productos de limpieza
se pregunta por  la acción en una rosa en un escupidera en una cama de púas
dónde está Dios para decirnos que lo que estamos sintiendo
no es una expulsión de nuestros fluidos
el agua en nuestros ojos es el animal más cruel
qué hace el recuerdo si la sangre no se quita ni con nieve
nuestras ojeras se manchan de astillas
y el vacío es una cabeza dejada en la autovía.
Las niñas solamente quieren encender las luces de sus habitaciones
y preguntarse por qué las estrellas se sacrifican
por qué  no puede ser
no puede ser otro modo de eyacular dentro de mí 
de sentir que tenemos músculos para ensanchar las venas del arte.
Sabemos lo que es el sustantivo pero no la lejía separada del dolor.






jueves, 10 de marzo de 2016

Ojos cerrados

Dime Padre cuál es el motivo por el que  cierras los ojos 
dime,  los niños con coronas de lirios y sangre morada qué están escupiendo
qué hay detrás del cristal 
soy yo tocándome junto al espejo 
la lágrima dorada
la masturbación 
el clítoris levantado.
Las aves están agujereando el cielo
han colgado a las estrellas y el mundo se pregunta dónde está el lenguaje.

Dime, Padre mi cadáver sigue todavía caliente
has metido el hocico para ver si estaba viva
has desnudado a tu hijo en una bañera con sal.
No sé si sabes que el mundo ha orinado sobre tus cejas
quieres que te diga que he sabido lo que es matar  al otro lado del amor 
que tendríamos que utilizar otro verbo para hablar del odio.

Dime, Padre acaso has sabido que no puedes destruir dos veces a una persona
que la que está crucificada es la que te dio una placenta desde una astilla
desde una bala desde una piedra desde una lagaña desde la supernova
acaso mis ojos son luciérnagas que han perdido la luz
antes de la oscuridad  fue el cuchillo la herida el injerto
déjame el rojo para pintar tus testículos
no te dijo tu hijo  que los colores nos diseccionan
nos revelan lo que no queremos decir 
deja que te venda los ojos
deja que te apuñale 
seguiremos respirando como muertos.

Los niños se acercan al sol para quemarse
un sol que se ha ahogado
que decidió meter su cabeza en la parte pluscuamperfecta de una escena cotidiana
deja que la vida esté en la garganta de un perro
deja que vomite y que la sílaba estruje mis ojos colocados en la tabla redonda
el sabor de una espada el sabor de la eucaristía
niños con sus coronas de humo  hablando con sus padres
y yo hablando de amor a un  espejo.

sábado, 20 de febrero de 2016

Creo en lo que escribo no en el amor

Creo en la extrañeza que consume mi corazón.
Creo en mi corazón que muda 
el petróleo   la vista  el pétalo  la estaca  el glóbulo  y la lejía.
Creo en la tristeza de mis músculos.
Creo en el aullido de quien recita sus células más podridas.
Creo en alguien que ladra y muere en sus propios brazos.
Creo en la basura.
Creo en el verbo que quiere ser animal.
Creo en el orgasmo que desgarra
en el texto que me escupe
que me diga que no estoy ciega
que me diga que no estoy sola  para celebrar mi muerte.
Creo en el río que lleva mi sangre hasta los ojos de un perro que sabe lamer la belleza.
Creo en la quemadura   en la mano que limpia mis vómitos.
Creo en la grieta   en la habitación hinchada de vacío.
Creo en mis rodillas quemadas.
Creo en el lenguaje que me arranca los ojos
que me arranca el estómago y las larvas de metal.
Creo en la lluvia que me hace huida.
Creo en el árbol cuyas ramas lastiman los peces que hay en mi estómago.
Creo en la pared que está desconchada.
Creo en esos pétalos amarillos que me dicen que  tengo puñales donde la noche no respira.
Creo en las chumberas que me recogen de la caída.
Creo en el poema que no es poema
creo en el poema que quiere ser cigarra en los ojos de un niño dormido
creo en el poema que raja mi vientre de yodo y esparto,
creo en el poema que me hace niña hoguera entraña y color verde
creo en el poema que mancha mis trenzas de ceniza
que mancha la mesa sobre la cual coloco cada día mis intestinos.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Himno o una montaña de flores que arde

Bailamos bajo una lluvia de púas
mientras que los dioses vomitan glóbulos de todos los colores
se rasgan nuestras carnes
azul verde rojo amarillo
las aceras se van a ensuciando de pétalos
montañas de flores
monos copulando en un templo
sudamos purpurina
las estrellas se ahorcan felices
escribimos mientras que un dios nos besa en la frente
qué significará ahora cielo
qué significará ahora mano
escribimos un himno dando nombres propios a las mariposas
pintando nuestros pies de azafrán
soñando que somos tigres lamiendo los párpados de un poeta sacerdote
los muertos sonríen en el agua
qué significará ahora pérdida
qué significará ahora vida
qué significará ahora escribir 
la luz raja el vientre de un gato
salen escarabajos
nos dicen que la puerta está abierta
que el jardín está llegando a nuestros pulmones
qué isla no sabe traducir sus lenguas de sal a los niños
el agua se viste de luz
la enamorada ve cómo los monos copulan en el templo
no sabemos distinguir los pétalos de los glóbulos
un escarabajo en un triángulo
conjugo mi clítoris en un océano
los huesos del jardín  tiemblan
qué significará ahora la muerte
qué significará ahora la forma
qué significará ahora el ritmo
peces gramáticos vuelan en mi cerebro
reescribimos el orgasmo
el esperma de los
los pájaros quietos mirando como los niños miran el cielo
señalan las estrellas ahorcadas
señalan nuestras lágrimas
dioses vomitando las luces y polillas 
sentimos hormigas en nuestros ojos
una palabra abriendo su cadáver
un perro recitando los colores del crepúsculo 
un perro recitando las quemaduras en nuestra piel
un himno 
 la llama asomándose en la puerta
nuestras cenizas blancas bailando en el río.

domingo, 31 de enero de 2016

Aúllo hogueras verdes.

Niño, que escupes las trenzas de coser de tu madre, juega con el árbol y con el cuchillo.
El caballo se ríe porque tu vientre está pintado de cal.
Las ranas duermen.
Y el agua corre estéril en tu garganta.
La luna te corta la sangre de tus ojos porque no quiere sentir tus lágrimas de litio.
Abajo tu madre está segando el cuerpo de una niña que no sabía traducir
el frío de las montañas por lejía quemada.
Abajo está el camino de peces y esperma.
No te comas la ventana.
No mastiques despacio las tripas del conejo
porque vendrá el médico y te dirá que tienes que comerte las libélulas recién nacidas
para que puedas vocalizar los distintos músculos que tiene tu madre.
Abajo las mariposas corren con piernas de lavanda.
Abajo el corazón vomita una hoguera verde.
Abajo la  niña coge su médula y  la ahoga en un recipiente lleno de sal.
Abajo la espesura es un mito.
Ay, niño, que aúllas el dedo mutilado, la historia de un árbol que todavía no se ha ahorcado, limpia tus manos, limpia tus pulmones,
que mañana el vómito será cemento será vientre será 
golondrina encerrándose en mi ojo.