domingo, 25 de octubre de 2015

Cuando el vientre no escribe sino la papilla sentimental recién salida de la boca

Nadie me ha enseñado a pisar collares ajenos 
y a adorar a los dioses con un corazón de hojalata. 
Nadie me ha enseñado a limpiar los dientes de una bestia 
que se había encerrado en tu cuarto de baño.
Pensaba que podría ser un sacrificio,
que la estabas encerrando 
para comértela 
como hiciste con los hijos marginados del sol.
Nadie me ha enseñado a pedir un último deseo 
ni a comer margaritas para que las historias de amor 
no se inyectaran en mis ojeras de adolescente. 
Todavía pienso en el momento en que metimos
nuestras cabezas en una lavadora  
porque queríamos olvidar qué eramos 
una pareja de recién casados.
Nadie me ha enseñado a contar las lágrimas
de un amor no correspondido
con las tablas de multiplicar.
Fui demasiado pequeña 
para distinguir las mariposas muertas en mis manos
de las mariposas que aplasté soñando que yo era de nieve
y que podría morir congelada en una nevera
sin nadie que me auxiliara.
Todavía pienso en el día en que me corté las pestañas
todavía pienso en el dia en que bebí fairy con tus ojos pegados a mi vientre.
Era demasiado pequeña para vomitar la fotosíntesis en mi cama
nadie me ha enseñado a decirte lo mucho que te odio
lo mucho que he odiado tu boca en la boca de María Magdalena
lo mucho  que tu sudor supiera a manzanilla
lo mucho de que el color de tus ojos fuera una soga para mis peces.
Si es que no nacimos juntos 
si es que nos mentimos declarando nuestros votos
en una ambulancia
y calentando después la cama de los políticos
la cama sucia de hierba
la cama húmeda de fluidos y promesas sin cumplir.
Nadie me ha enseñado a ser un final abierto en una tragedia.

jueves, 15 de octubre de 2015

Por qué la duda me hace ser una niña que tiembla

¿Por qué dueles si no reconoces la enfermedad en un espejo?
¿Por qué callas si no te has convertido en rama, desierto y olivo?

¿Por qué  tu corazón cuajado de leche se derrumba
y señala la herida que no es murmullo que no es gemido 
que no es titubeo?
¿Por qué en la esquina de mis ojos yace el horizonte
masturbado por los pájaros?
¿Por qué la sombra te limpia el vómito
y la distancia de hacernos bellos y complicados?
¿Por qué abusamos de la ternura y pedimos perdón por ello?
¿Por qué mis manos de espino tiemblan?
Soy yo la que quiere cortarse el abdomen para ser ofrenda
en una oración subordinada.
Soy yo la que pide que el lenguaje me ahogue en un aljibe.
Soy yo la que se masturba en una maceta sin abono ni planta.
¿Por qué entonces tu boca solamente es un túnel en el que me siento feliz?
¿Por qué la lágrima es una bola de carne en mi garganta?
¿Por qué me ahogo con una trenza bordada de saliva?
¿Por qué la lluvia no me perdona ser huida?
¿Por qué ser transparente significa dolor y no caricia no duelo no refugio?
Soy yo la que ve en la mesa el hilo para coser árboles quemados.
Soy yo la que ve en la mesa de la cocina tu corazón tu adjetivo para 
estar enamorado de Cristo clavado en una estaca pintada con rabia.
¿Por qué cortar la vena más sana me hace que te quiera aún más?
¿Por qué ser niña no me deja ser infancia en las agujas de un reloj?
¿Por qué la golondrina me señala el viento que le hizo caída
 y no la jaula que le hizo guijarro en mi vientre?
¿Por qué soy un ovillo de tus dedos amputados?
Porque las niñas no me dejaron ser la duda que quisiste ser en el recreo de un colegio.

viernes, 2 de octubre de 2015

La que lloró demasiado y se hizo un cuchillo dentro de su garganta para volver a ser niña

La niña anochece en un mapa de cruces y horizontes
La intento llevar a un laberinto con salida.
Pero se apaga en la sombra del sol se apaga en la sombra de una silla se apaga en la sombra donde aparece mi cuerpo tirado a una habitación sin puerta.
La he buscado pero solo siento mi vientre
y mis ojos envueltos en una bandera manchada de lodo. 
La he buscado pero solo siento una golondrina que ha volado muy rápido
y un camino que se vuelve árbol y un árbol que se vuelve mujer.
No puedo decir la palabra escondite
porque hay una tumba que crece en mi pecho
un océano de girasoles abandonando la tierra.
No puedo decir  infancia no puedo decir temblor no puedo decir refugio
porque me ahogo en un ramo de flores que se diseca al año siguiente.
No puedo decir que te he encontrado porque la duda es infinita
y no sé si la pregunta puede ser dos caminos
que me hagan ser la puerta y la llave de tus manos.
Podría haber llegado a lo alto de una montaña
pero me quedé con las piernas hinchadas de viento. 
Entonces para qué buscar la gota que ha vaciado el vaso.
Quién me ha hecho niña si no he sido antes metáfora si no he sido antes
la llama que nunca será nube o luciérnaga.
Entonces para qué buscar la lágrima de quien más perdona
para qué voy a tener sed si el cuchillo no me sostiene
si en una esquina he sido abuso de mi fragilidad
he sido amante de mi imaginación y de mis dudas de agua.
He mordido mis venas. He mordido mis manos cuajadas de leche.
Quién no ha sido niña  antes buscando el infinito en una gota de aceite que le quemó el centro de su mano derecha. 
Quién no ha sido niña  antes asustada porque alguien la iba a descubrir tocarse
en un espejo o con una almohada empapada de vacío. 
Quién no ha sido antes un verbo conjugado en presente para encontrarse consigo misma.
Quién no ha sido antes huida de tres cuerpos, de seis ojos. 
La niña anochece en una pregunta que sé contestar pero no quiero preguntar
porque ya no está.