jueves, 24 de septiembre de 2015

El corazón en una guerra de heridas

Tengo que cortarme los dedos para que no llore el lobo recién nacido.
Tengo que cortármelos para no ensuciar el canto del poema
para no ensuciar el sexo de los pájaros.
Tengo que cortarme el labio para sincerarme contigo
rajarme el vientre para que la sangre huela a lejía
huela a limpio huela a hospital huela a desinfectante 
así los lobitos no tienen miedo de roer mis huesos.
Tengo que escribir sin  dedos a la luna para que no se enfade conmigo
para que no piense que he perdido el tiempo degollando gallinas y amantes.
Tengo que escribir a la virgen morfina para que me perdone
para que me perdone por haberme inyectado puntos de sutura
cuando quería olvidarme de ti cuando quería que el amor fuera un perro de tres cabezas
cuando quería sentir el frío en la esquina de mis ojos
cuando quería sentir el himno en el filo de la garganta
ese himno que ha quemado nuestros estómagos tantas veces
que nos hicimos de éter.  
Tengo que cortarme los dedos para que la grieta sea más grande
para que se convierta en un refugio para los lobitos- mi corazón no se resiste a multiplicarse en átomos en pétalos en cajas para meter los zapatos de quienes nunca vuelven. 
Siempre he estado comiendo la lana de tu almohada
porque pensaba que así te cuidaba en sueños
porque así evitaba que una jaula te vistiera de cenizas.
Siempre me he preguntado por qué no fui tan valiente en reunir tus pestañas
en una cajita de música.
Mi madre me decía que el amor es un desconocido más, que la metáfora solo me servía
para tocar tus entrañas y volverme un cuervo sin pico ni alas moribundo
en una tumba de orquídeas o en un contenedor de plástico. 
Tengo cortarme los dedos porque la sangre me hace menos daño
que pensar en un desamor aparentamente sin olvido.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Cuando la lluvia es verde y el corazón está mojado de tristeza

Cuando una espiga de trigo se cuela en la esquina de mi ojo
cuando me tocan y la lluvia es verde
 siento que mi corazón es un nido de pájaros

en una máquina de zurcir la memoria de los ángeles.

Van a decirme cuáles de mis lágrimas se van a salvar del matadero.

Van a preguntarme por qué son hombres mutilados

por qué la belleza siempre ha sido un error para encontrarnos a nosotros mismos

por qué los gusanos escriben poemas para los niños que quieren volar
por qué ellos quieren cortar las orejas a los santos

por qué los teatros son habitaciones para que el corazón se desangre
para que yo quiera quitar el pellejo de tus lágrimas de carne fluoerescente.

Van a decirme que no estoy lista para interprentar el latido la soledad y la fractura.
Van a decirme que no estoy lista para poetizar a los hijos putativos de la tierra.

Primero me cortarán las rodillas de trapo.
Segundo darán de comer a los perros una bandera blanca.
Tercero  debatirán sobre la geografía de mis sentimientos.
Separarán los sentimientos poéticos de los sentimientos platónicos.
Separarán los sentimientos realistas de los sentimientos profundos.
Después me dejarán en el escenario.
Y seré diálogo seré pureza seré un ángel sin memoria.

Cuando la lluvia es verde 
todos empiezan a murmurar.
La desolación tiembla en mi boca.
Solo se fijan en mis rodillas huecas. 
El vacío me sostiene me limpia me deja de nuevo sola
 y el verso largo se descompone en sílabas y en volutas de madera.
Y el público se cuela en mi ojo.
Y el ojo vomita lágrimas que se salvaron del matadero.
A quién escupo. A quién dejo que me grabe desnuda con una flor metida en la vagina.

¿Después de terminar la función dejaré de sostener las tripas en mis manos
para cerrar los ojos en un máquina de zurcir la arena?

martes, 1 de septiembre de 2015

Cuando el amor no es un monólogo para un hombre de tres cabezas

 Vamos a aullar a los dramaturgos griegos
que somos pobres
que nos gusta lamer el sexo de las nubes
que me gusta tener mi coño bien alimentado
que nos gusta inyectarnos redes sociales  en nuestros huesos de porcelana.
Vamos a aullar en estas sábanas tan sucias de esperma onírico
que estamos tranquilos cosiendo las piernas del mar
cosiendo sílabas que fonológicamente nos estaban estrangulando.
Vamos a lamer el culo de una montaña nevada.
Vamos a lamer nuestras rodillas cuando tengamos una idea romántica,
cuando tengamos los dientes astillados por masticar
una plaga de dudas 
sobre si nuestra relación va a durar
si me vas a ser infiel con la luna deformada en el espejo
si tengo celos de mi estómago
si tengo celos de mis intestinos
si tengo celos de la historia fonética de mi sangre.
Y después de aullar,
pienso  hablar en una escena conmigo misma
y después pienso besarme con la vulva hirviendo de lenguaje
hirviendo en primera persona del plural
en pequeños relojes de arena
como si estuviera en un cadalso lleno de flores
con niños alegres por verme ejecutada.
 Vamos a aullar a los dramaturgos griegos
con los rostros pálidos de luciérnagas 
pálidos de tanto comer naranjas podridas de la guerra
de la guerra en la que nos perdimos
sin saber que el amor era una niña masturbada por las cenizas.