miércoles, 26 de agosto de 2015

Tragedia de un corazón incomestible

No puedo decir que tenga un corazón humano manchado de alquitrán.
Y no sé cómo tus glóbulos podrían salvarme entre cuchillos y hadas. 
No pienses que eres una ciudad condenada a ser incienso
condenada a ser una hoguera vestida de cadáveres
condenada a que los vagabundos reclamen la paz en tu boca.
El animal que finge ser hombre te abrirá la garganta
y verás cómo el mundo se suicida en la sombra
verás cómo las niñas escriben poesía para aquellos amantes
que veían el atardecer como una metáfora sexual. 
El hombre que finge ser león te besará
y olerás los huesos del sol
los huesos de la justicia norteamericana
los huesos de los ángeles que castraron su sexo para vomitar
las células que no eran celestiales.
No puedo decir que la luna podría mancerar mi corazón
porque no te lo comerías con las ojeras de tu mamá
con una erección
con el perdón de San Mateo
con la enfermedad de que te odies a ti mismo.
El hombre que finge ser político amará tu silencio y tus tripas,
 ensuciando mi cara y la economía del lenguaje
 ensuciando mis pulmones y la cara de Poncio Pilato.
El hombre que finge tener mi corazón se destruirá,
se destruirá sin la nostalgia de su cuerpo.
Aunque mi corazón no me lo pueda comer,
nadie sabría cómo quitarle sus astillas y su litio,
ni tú mismo podrías
con la niebla cargada a tu espalda,
con la sinceridad golpeándote la boca,
ni tú mismo porque lloras sin saber por qué lloras
 porque yo escribo que estás llorando.
El problema  es que mi corazón no se podrá traducir
cuando estés solo, cuando cuestiones las fronteras  del lenguaje 
las fronteras de ti mismo,
cuando estés lamiendo mi culo
en una casa de muñecas hinchables 
y no sepas conjugar la muerte en presente
y la desolación en futuro.

martes, 11 de agosto de 2015

Mi corazón es una fruta o el cráneo de papá

Mi corazón es una fruta o el cráneo de papá.
No quiero arrancármelo porque parece que quiero morir y no es así.
Ahora mismo estoy en la cama preguntándome si lo que siento
en mi estómago
son avispas ahogadas en un tarro de azúcar.
Puede que sintácticamente mi corazón no entiende de letras ni de cadáveres.
No sé si quiera que un pájaro se meta en mi vagina
y se enamore de la sangre que derraman las estrellas.
No sé si quiera que un caballo se coma las células de la infancia.
No lo sé porque puede ser que dentro de mi cerebro
hay un matadero de hormigas
o una niña mutilada en la playa.
Hoy he visto en la tele que algunos tíos mataban palomas
porque querían entrar en una cabina de porno
y preguntar a los actores qué es la soledad.
Después, entro en mi habitación
mi cuerpo se incendia  de bombas y flores.
No me  quiero esconder de lo sintácticamente podrido.
Llevo trenzas de plástico y quiero vomitar en la cama.
Para sentirme cansada.
Cansada de ver sombras que se masturban
del cielo nublado
de las avispas que en pocos minutos se ahogan
de las estrellas que nunca duermen.
Cansada de que los niños quieran volar
de  aprender sintaxis para describir mis sentimientos
mis sentimientos que no son actos
que no están en presente
mis sentimientos fugaces que se caen de mi boca
que están a punto de caerse de la cama.
Solo me quedo en bragas para sentir que el invierno
no me susurra entre mis piernas.
Quiero que el invierno deje de decir
que soy una niña con una boca que es una trampa para ratones
que deje de decir que mi corazón  es un trozo de queso curado
que mi vagina es un corazón que tapa a otro corazón
que se quiere esconder de lo que mañana será verbo
y otro día dos dedos que acaban de tocar una avispa 
que no está ni viva ni muerta.