sábado, 30 de mayo de 2015

Una tragedia infantil

¿No comprendes, amor, que si sigues sin pensar en mí asustaré a los niños cuando salga sin cabeza a la calle?
Angélica Liddell

Los niños se asustan en el espejo.
Descubren lo que es el amor.
Sus padres vomitaron estrellas cuando todavía el gemido era líquido
cuando la comunicación era piedra, lluvia y lava.
Cuando lo descubren
 siento que sus piojos quieren chupar su sangre
no quieren dejar de comer la cal de las paredes
la tierra de sus abuelos
la arena con la cual enterraron
pájaros que llevaban en sus ojos el esperma de los hombres.
Papá nunca quiso comer las tripas de un gorrión.
Nunca quiso dormir en los genitales de su padre.
Los niños quieren buscar los gusanos para saber cuál es el origen de la palabra.
Papá nunca quiso hablar de la guerra.
Mamá lloró cuando los niños querían morir en el mar.
Cuando el médico salió a buscar 
a una puta que todavía dibujaba la lluvia con sus dientes de leche.
Cuando el juez asesinó a su madre cuando ella estaba soñando con los perros del silencio descuartizados en la cocina. 
Vomitan la fruta en la calle.
Vomitan el insomnio en la calle.
Vomitan la gripe en la calle.
Se enamoran de una mujer que intentó ahogarse con la cáscara de una naranja porque descubrió que su marido se casó con su hermana muerta.
Quieren llorar en el vientre de una ballena harta de comer invernaderos de rosas.
Quieren hacer oro con sus pulseras y zapatos de plástico.
Me ven en una ventana pequeña y sucia por una tormenta de arena me ven que estoy llorando en una bañera llena de semen.
Estoy guardando luto por mi novio que está en la otra habitación intentando arrancar su corazón de su cuerpo de arena. 
En otra habitación ven como un actor porno está haciendo un ataúd tallado con delfines de plata para enterrarse junto a su hijo de diez años que murió de tristeza.
Afuera el invierno huele a hospital. 
Afuera todo huele a lejía.
Afuera el lenguaje no es un himno.
Afuera las mariposas asesinan a los hombres que se convirtieron en animales de metal.
Afuera las lobas quieren amamantar a los cachorros del viento.
Afuera papá y mamá hacen el amor por primera vez

sábado, 23 de mayo de 2015

He matado a mi mejor amigo en un sueño y quiero que el amor sea un himno para mis hijos que no han nacido

He matado a mi mejor amigo en un sueño y quiero que el amor sea un himno para 
mis hijos que no han nacido todavía
para aquellas flores que no han tocado aún el cadáver de la luna.
Quiero bailar con los huesos de mi mejor amigo para recordar que el amor
no es un árbol carcomido de purpurina
no es un refugio para aquellos que calientan sus cicatrices de alquitrán.
Quiero recordar que cuando escribí este poema lo hice para que él fuera 
una libélula en la boca de una ballena 
una líbélula con ojos de tigre
y  Cristo resucitado. 
Lo he matado pensando que los gatos podrían devolverle un beso que fuera universalmente lexicalizado gramaticalmente sucio y caliente.
Te dije antes de matarte que el lenguaje no tenía las rodillas de un salvador
las rodillas de un verdadero amante que se sacrifica en un altar hecho de clavos y espinas
que aprende a odiarme en una cama de pétalos de lluvia
que aprende a leer la belleza en la basura
que aprende a comer el pellejo de los hombres tristes.
Quiero que mi hijo tenga tus costuras de fuego 
tu garganta de montaña
tu saliva de antigüedad clásica 
tus labios de un poeta herido en una guerra de oro.
Solo tu cuerpo es una flor en los labios de Dios
es una mancha inofensiva en mis labios de hija, hermana y amante.
Nadie me iba a salvar de escribir mil poemas con este mismo sentimiento de quererte matar en todos mis sueños fugaces y consentidos
sueños en los que no aparece el lenguaje
en los que sí aparece un jardín de flores manchadas de purpurina
de heridas abiertas por la sal o por la lengua de los piojos.
Puse tu cuerpo para que Cristo supiera qué es un corazón hinchado de sangre
y arrepentimiento. 
Puse mis labios sobre los tuyos mi vagina sobre tu vientre para sentir que el mundo no se construye con la memoria
no se construye con un cuchillo en la mano y un trozo de pan en la otra.
Quería sentir que la poesía se podía despedazar como una luciérnaga.
En ese sueño lavé tus glóbulos ya consumidos por la histeria por la adolescencia no revelada
por el romanticismo de un siglo que nunca va a existir.
Te lavé como si fuera un hijo y te puse el nombre de la persona que descubrió el fuego
que habló a sus padres con el idioma 
con el que se puede expresar el odio y el amor a la misma vez
para escribir mil veces la misma caída y no equivocarse de cicatriz.



domingo, 17 de mayo de 2015

Salmo a los amantes al final no correspondidos

¿Pueden dos que no son amados vivir la tragedia de no amarse mutuamente? 
Angélica Liddell

Rompamos las rodillas a las montañas.
Robemos la lengua a los astros 
a los banqueros
a las preguntas
a los soldados perdidos en un reloj de arena.
Rezamos como amantes no correspondidos 
para asesinar a los hijos crueles de este jardín
a los hijos crueles y tristes de Dios.
Tengo tu cordón umbilical de oro atado a mi lengua
y tengo tu corazón tan asimétrico que no quiere llorar,
y sin embargo lloro
porque el poema no es la transcripción del amor
mis glóbulos no son traductores de la esperanza
y mi regla no ensucia un nido de golondrinas.
Rezamos como hormigas ahogadas
rezamos como vasos vacíos
rezamos con el ácido del estómago
saliendo por nuestras bocas.
Rezamos con la orina de los significantes
con las piernas quemadas de infancia
con los ojos hervidos de óxido
con los pulmones negros de pureza.
Siento mucho decirte que amar
es la mejor manera de contradecirse a sí mismo.
Siento mucho decirte que el amor es tan  orgánico como nuestros cuerpos
como lo que nos echamos por la boca
y digerimos y tiramos junto con  la basura o la mancha
el poema no es la mejor transcripción que se hace del amor.
Veamos cómo las estrellas juegan a ser pájaros que
quieren destripar los bosques 
los quirófanos abaratados de droga
la salud de ciertas flores.
Quieren leer las escamas de la adolescencia.
Olamos nuestros sexos prematuros de vértigo
prematuros de lluvia
prematuros de extinción.
Masturbémonos 
nadie nos enseñó a soportar tanto la soledad
nadie nos enseñó a escribir un poema
y menos a entenderlo.
Quiero asfixiarme con una almohada de sangre
para creer en la belleza
para creer en los enamorados del mañana.

sábado, 9 de mayo de 2015

Wikipedia no dice que estoy enamorada

Wikipedia no dice que estoy enamorada de mi cadáver
no dice que estoy enamorada del mundo
enamorada de la hierba que come el gato
enamorada de la hormiga que come la paloma.
Wikipedia no me dice cuándo dejé de masturbarme
cuándo dejé de odiar a la gente que masticaba sus dedos 
para no reconocer que hablaba en un idioma distinto al mar.
Wikipedia no me dice cuándo dejé de amar la sintaxis del suicidio
cuándo dejé de respirar el último glóbulo blanco del amor.
Wikipedia no me dice cuándo cayó la noche
la última noche en que mi vagina oyó
cómo  una estrella caía en una cama de hospital
vacía de terrorismo 
vacía de emoción
vacía de cáncer
vacía de catástrofe natural
vacía de metamorfosis.
Sin embargo, Wikipedia me dice que estoy enamorada de un perro
 que escarbaba tumbas de aire en tus ojeras de soldado.
Sin embargo, Wikipedia me dice que  tú vomitaste
en una carnicería de rostros
que tú viste la carnicería de esos niños que cogieron las armas
para que los políticos no hicieran más daño a sus juguetes de cristal.
Sin embargo, Wikipedia me confiesa que tú eyaculaste sangre blanca
en el día en que mi sombra se hizo niña
y acuchilló la boca de un dios vertebrado que sodomizó a tu padre
en un invernadero de rosas.
Me confiesa que estoy enamorada de un actor porno
que tatúa jaulas en los ojos de las náyades
que tatúa nichos en los pechos de los ángeles.
Me confiesa que tiré mi vagina en una ciudad de cuervos.
Me confiesa que mi último orgasmo no fue contigo
sino con un actor de dios
que se metió la pistola en el oído
 y se disparó ante una multitud de niñas con anillos de carne
 con anillos de selva
con anillos de lava.
Me revela que he estado muerta en vida
sacando mis tripas en el cuarto de baño durante 22 años
sacando la heroína de mis brazos en el cuarto de mis padres
moqueando mariposas azules
costuras de una guerra asiática
moqueando un corazón de plástico
moqueando morfina 
en una cama vacía de antibióticos
vacía de etanol
vacía de imperialismo
vacía de energía nuclear.
La última mamada que recuerdo fue con el corazón
fue con el significado de una palabra que no puedo pronunciar
desde lo pronunciable
fue con muchos fluidos y tos seca.
No celebré enamorarme de la belleza
de la estadística
de la objetividad de la mirada
de la caída de los adultos.
Dios no me escupió poemas
escupió trovadores que fueron asesinados
con las trenzas de la infancia.