jueves, 15 de octubre de 2015

Por qué la duda me hace ser una niña que tiembla

¿Por qué dueles si no reconoces la enfermedad en un espejo?
¿Por qué callas si no te has convertido en rama, desierto y olivo?

¿Por qué  tu corazón cuajado de leche se derrumba
y señala la herida que no es murmullo que no es gemido 
que no es titubeo?
¿Por qué en la esquina de mis ojos yace el horizonte
masturbado por los pájaros?
¿Por qué la sombra te limpia el vómito
y la distancia de hacernos bellos y complicados?
¿Por qué abusamos de la ternura y pedimos perdón por ello?
¿Por qué mis manos de espino tiemblan?
Soy yo la que quiere cortarse el abdomen para ser ofrenda
en una oración subordinada.
Soy yo la que pide que el lenguaje me ahogue en un aljibe.
Soy yo la que se masturba en una maceta sin abono ni planta.
¿Por qué entonces tu boca solamente es un túnel en el que me siento feliz?
¿Por qué la lágrima es una bola de carne en mi garganta?
¿Por qué me ahogo con una trenza bordada de saliva?
¿Por qué la lluvia no me perdona ser huida?
¿Por qué ser transparente significa dolor y no caricia no duelo no refugio?
Soy yo la que ve en la mesa el hilo para coser árboles quemados.
Soy yo la que ve en la mesa de la cocina tu corazón tu adjetivo para 
estar enamorado de Cristo clavado en una estaca pintada con rabia.
¿Por qué cortar la vena más sana me hace que te quiera aún más?
¿Por qué ser niña no me deja ser infancia en las agujas de un reloj?
¿Por qué la golondrina me señala el viento que le hizo caída
 y no la jaula que le hizo guijarro en mi vientre?
¿Por qué soy un ovillo de tus dedos amputados?
Porque las niñas no me dejaron ser la duda que quisiste ser en el recreo de un colegio.

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