miércoles, 3 de junio de 2015

Una fotografía pornográfica en la cocina

Hoy publico en este blog con mucha ilusión un poema que me ha escrito una persona que en pocos días y en pocos mensajes se ha convertido una persona especial para mí, a la cual admiro y readmiro. Es un poema que habla de mis tragedias, de mis símbolos, de mis referencias, de la esencia de este nido, en el que siempre intento evolucionar, mejorar, indagar en el lenguaje, en la comunicación sexual, en las posibles tragedias que me monto en mi cabeza pequeña. Le agradezco mucho a Rodrigo García, que aparece en twitter (@rodrigogmarina) que me haya escrito este poema. Es indefinible lo que he sentido a leer este poema, y eso es lo que se convierte en una tragedia mágica <3.

Fotografía de sus tragedias pornográficas en la cocina
Quiere un himno pálido de rosas azules.
Un himno que no encuentre idiomas debajo del corazón.
Incapaz de aferrarse a la metagramática con sus dedos desplumados.
Incapaz de inventar un crimen de petróleo, manchando su garganta.
Vomita a sus hijos torcidos por el odio.
Escribe que no puede hacer nada, y nos salva a todos.
Una tragedia pura y blanca como un vestido de comunión.
Como las nubes de cocaína.
Sus hijos rotos por la química creen en la belleza de lo intravenoso.
Sus hijos descompuestos por las libélulas ven el porno como algo escatológico.
Educa a su vientre con el idioma de las flores más pálidas.
Sus óvulos coagulados se visten con el invierno.
Una cordillera de calcio, delicada baila sobre sus costillas.
¿Aprenderán sus órganos la sinfonía de lo indecible?
¿Será un corazón triste y cobarde de hojalata?
¿Encontrará un mar capaz de tragarse su color hospital?
¿Hablará en nombre de la bilis?
¿Hablará por todos los personajes que ha matado en el absurdo?
¿Será el lenguaje en sí un significado?
¿Calmará las ideas suicidas de todos los hijos que no tuvo?
¿Desmitificará todo lo que amenaza con ser cadáver?
Las amapolas no saben pronunciar la palabra cocina sin  reírse
Y escupir unos pétalos de lejía, aún no correspondidos.
Un pez juega en el jardín con sus trozos.

Por Rodrigo García Marina.
Mil gracias de corazón.

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