martes, 14 de abril de 2015

Somos amantes en una caja horizontal

Nunca vamos a poder traducir el beso por la mirada que nunca vuelve.
Nos estamos  buscando en alguna esquina del atardecer
mientras el lenguaje quiere mutilar lo que nos hemos olvidado
por detrás de los espejos con los cuales la noche se podía traducir a sí misma
como una soga para los ahorcados y el aire.
Tengo en mis ojos el borde de la llama que asesina el cielo
porque no sé si cuando encuentre el cadáver de tus ojos
pueda sincerarme con la duda que me mantiene viva.
El árbol ve como mis manos sudan cuerpos transparentes.
Somos sangre cohesionada.
El pájaro muerde el glóbulo que no duele, pero sí mata.
Tengo que prepararme cuando la luna se diseccione en los labios
de los niños más tristes del jardín.
Cómo  pronuncio tu nombre en una caja horizontal.
En una caja donde estarán mis piernas descarnadas de estaciones
descarnadas de amor y huesos azules por la tragedia.
No quiero que nuestro amor sea universalmente conocido
entre costillas y palabras en las que uno no sabe regresar
después de morir y morir sobre la piedra.
Nuestro amor no se sintetiza en un haiku
o en una tortura japonesa.
Se ahoga en un pozo
en el cual las perdices se suicidan por voluntad propia.
Los amantes se ahogan porque la belleza es vida y miseria
los niños se ahogan para bailar con sus despojos 
para reconocer que son amantes de lo que les duele.
Tu corazón es una colmena de polvo blanco
y nadie lo coge
salvo yo 
que quiere conocer la historia de la palabra
y lamer la bacteria en tu nombre
lamer la herida de mi sexo compungido de libélulas.
Pero estamos en una caja horizontal
en donde las preguntas se ahogan
en donde no nos ensucian de aire nuestros pies
ni nos pueden ensuciar de amoniaco.
Ahora podemos sonreír al viento
a un ramo de geranios cogido por una niña
que nunca se vio nacer en el agua
a los hombres más tristes del jardín
con la carne hacia afuera.

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