viernes, 6 de febrero de 2015

Tengo en mi corazón un discurso pornográfico que no se traduce

Pero lo que quiero yo
sí que es impronunciable
Yolanda Castaño

Prólogo

Cuando lloramos, aprendemos una cuarta lengua 
para comunicarnos con los actores de dios.
Padre, no has querido taladrarnos la política de la soledad.
Padre, no has querido separarnos de la mentira.
Padre, no has querido separarnos del incesto.
Sabías cómo íbamos a morir,
en contenedores de ropa sucia. 

I

Cuando te conocí,
no quería que la arena cayera de mis pechos,
no quería que el sol se convirtiera en un signo que no iba a entender. 

II

Cuando me conociste,
viste que en mis ojos las abejas morían de amor,
morían porque sus testículos se llenaban de lágrimas de sal.

III

Quien nos enseñe a amar
sabrá que nosotros no hemos venido a bendecir
nuestros estómagos,
sino a entender la filosofía 
de nuestras células mutiladas de deseo.

IV

Mi estómago  entiende lo que es hacer el amor.
He buscado a dios en una página porno.
Y sólo he encontrado una tumba
donde yacía un cuerpo en una bolsa verde.

V

Nos enamoramos de la semántica del odio.
Nos enamoramos de la palabra 'squirting'.
Nos enamoramos de quiénes destrozan sus hígados
con palabras sordas de esperma. 

VI

Aprendo  a conocer el futuro
a través de la lectura de nuestros glóbulos blancos.
Nos amaremos bajo el signo de Marte.
Y aprenderemos a matar a los poetas que han suicidado
las noches de sus días.  

VII

Somos una generación automedicada.
Ni dios puede dar milagros en diamante.
Hemos desmitificado el asco.
Hemos desmitificado a los dioses del ibuprofeno.
Hemos desmitificado la educación de la droga.

VIII

Oigo zumbidos en la boca de dios.
Estamos incomunicados.
El cordón umbilical se viste de ramas y pájaros.
Su barba crece hasta que desaparece el mar.
Siento que hemos perdido las nubes.
Soñamos que nuestros hermanos están muertos
para que resuciten como superhéroes de un erotismo
que siempre existió desde que la palabra se hizo boca
y no garganta.


IX

Guardamos la nieve y el rencor en nuestros bolsillos.
El reloj oye como la sangre se viste de girasoles.
Guardamos la saliva
y el cáncer de las jaulas.
Los perros todavía no saben lo que es el asco. 

X

Tengo en mi corazón un discurso pornográfico
en que el cuerpo nunca se traduce,
en que el sentimiento nunca se traduce,
en que la política nunca se traduce. 

XI

El símbolo muerde la siguiente generación.
Nos amamos a través de símbolos.
Los perros se aman a través de colores.
Dios se ama a sí mismo por la ausencia.

XII

He cerrado el color rojo.
La araña cierra su vida con unas tijeras.
Olemos a cianuro.
Olemos a invernadero.
El gallo muerde los ojos de cristo.
Sangra su sonrisa.
Sangramos agua.

XIII

Déjanos ser tragedias para amar.
Déjanos fumar tu rostro de amante.
Padre, has querido besarnos.
Padre, has querido orinar el poema.
No somos valientes.
Los insectos se ahogan 
y no se puede hacer nada.
No pronunciamos lo que ya existe.

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