domingo, 22 de febrero de 2015

La educación trágica de mi vientre

He dejado de creer en la tristeza.
He dejado de creer en la tristeza como pornografía de mi alma.
Tengo hijos de loba gimiendo por encima de mi cabeza lingüística.
Gimiendo en la oscuridad de mis bragas mentales.
Gimiendo en las costuras mal curadas de los hombres.
Solo dime cuándo apareció la mancha que se hizo cristal.
Dejaron los médicos en mi cama
cerdos que lamieron mis muslos
y perros que creían en la infancia.
Dime cuándo nací en tus testículos hinchados de romanticismo.
Dime cuándo desaparecí de esta república de árboles
que no hablan de bosques ni de jardines.
He dejado de amamantar la sintaxis roja de mi sangre.
Deja que la lluvia conjugue todo lo que no soy,
así creeré en la tristeza de ser abandonada por la nieve.
Los médicos no sabían que en mi estómago
guardaba los hijos de una loba que querían
ser niños sibilantes de la realidad.
Veía que la sangre tenía escamas, como la nieve
tenía sus espejos.
El sol azulaba mis vértebras
cuando mi marido me dibujó los párpados
antes de oír cómo se marchaba en busca
de un desierto fragmentado de carne y células de lluvia.
Los médicos me traen vasos para mi garganta.
Ven cómo vomito las flores de un crematorio.
He reconocido que mi corazón es un gato disecado 
que mira al cielo con ojos de hombre 
los mismos con los que me miro en el espejo. 
Me extirparon la desaparición de mi marido en 
mis ovarios apuñalados de leche.
Las flores marchitas lloran el esperma de los pájaros
que murieron en una guerra internacional de heridas.
Me traen collares de ceniza.
Saben que no me voy a morir de tristeza.
Las crías de loba están gimiendo y aullando con la voz de mi madre.
Están aullando para que mi marido no sea un gusano en mi boca.
Están aullando la barba brillante de mariposas de Whitman.
Están aullando mis pechos cortados por una navaja de la luna.
La guerra ya es bastante cruda para ser enfermedad.
Me traen una colmena donde los conejos salen para abrirme el vientre.
He dejado de creer que la tristeza no está vacía.
Los lobitos aullan, los lobitos no quieren morir afuera.
Hay una guerra de comunicación.
Mi marido murió para salvarse a sí mismo.
He dejado de creer en la tragedia para salvarlos a todos.

2 comentarios:

  1. Espectacular.

    Podría pasarme horas y horas leyéndote.

    Mucho ánimo desde http://ahogandomentrelasnubes.blogspot.com/

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  2. Buenísimo Patricia, me he sentido algo identificada con tus palabras.

    Un abrazo!

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