sábado, 17 de enero de 2015

Somos la poligramática de un orgasmo que no existe

La soledad no tiene ojos para el contagio.
El amor no tiene piernas para sentir la gripe.
No diferencias lo sentimental de lo sexual.
Mi vagina es besada por un cuervo de agua caliente.
Hago de tus legañas un himno vacío de significado.
El amor no tiene hijos porque se inyectan en las vértebras el oro de la tragedia.
El amor en mi clítoris es un cuervo con los ojos morados de vida.
El amor en tu estómago es una flor silícea de la palabra.
El vómito fue un símbolo que nos dejó quemadas las arterias del ocaso.
Dios no me enseñó amarte como una niña con trenzas de aluminio.
Besó a su hijo para que el perdón fuera de carne y no de plástico.
Te besó para que fueras el significado de un verso
cuyo vientre está atorado por nichos de aire. 
Masturbo la poesía en mi pecho izquierdo de piedra.
Masturbo la enfermedad en mis dientes verbales de deseo.
Masturbo la idea de ser un sol enfermo de signos olvidados.
Incubo la metáfora como una llama congelada de saliva.
Hago de mi clítoris un himno que no dice nada.
Masturbo la idea de la masturbación.
¿Para qué?
Para entender el lenguaje.
Para sentir el insomnio de una lengua moribunda.
Para sentir la muerte de la comedia,
la humanidad del gusano,
el lenguaje que mata a dios,
el lenguaje que extirpa de mi pecho un pez no gramático,
el fénix de ácido subiendo por mi columna vertebral hasta morder mi cerebro de huidas.
El pez no gramático huye porque no quiere ser hombre, sólo palabra, sólo verbo, sólo.
El pez muere hasta no morir. Memoriza el cuerpo inerte.
Dejo que el fénix se vista de alambres.
Dejo que el orgasmo sea la memoria necesaria para partir temprano hacia un sueño.
Acaricio lo que no se dice. Lo que no está muerto. Sobremuero  aquí y allí.
Tengo cáncer de volar. Tengo cáncer de ser reconocida por el oxígeno. Por tanto resucito como un hombre, y tú resucitas dentro de la metáfora que quiero amar o destruir.
Me masturbo: me incendio en la noche para no llorar como una jaula.
Me masturbo: el lenguaje llora larvas de leche.
Somos noche y no verbo.
Pétalos de amoniaco.
Los siglos sufren hemorragias.
Me recibes o me matas.
El dualismo no existe. Lo creo. Lo recreo. Lo asfixio.
Dejo mis ojos inertes en el agua. Dejo mis ojos incendiarse de nuevo.
El incendio nos eyacula. Nos come y nos eyacula.
Pero somos la gramática de una enfermedad que no existe.

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