jueves, 8 de enero de 2015

Eyacular el amor como un homicidio

Dios es una rosa enferma entre mis muslos.
Dios tiene la enfermedad de ser una piedra en mi boca.
Se asfixia con la nada que creó.
La inmortalidad nos da asco.
Quiero cerrar los ojos e imaginar que la palabra
 es un gusano que roba el beso de mi ser íntimo. 
Una mano lila y dorada me está arrancando la lengua
con un cuchillo del presente,
y  otra mano que podría ser tu mano
de la salvación, de la humanidad, del equilibrio estrujaría mi pecho de arena.
El latido se expande.
El beso de la hormiga aprisiona un nervio.
El muslo es un cuadro de colores homeopáticos.
Dios lame tu pezón hinchado de esperanza.
Hemos digerido rápido la historia, la guerra y el espíritu.
Dios estará contigo en la carretera besando tus genitales,
llorando de solidaridad por mi vientre.
Dios es un médico forense que ama tus costados manchados de maría.
Ahora dónde está la mano que me hará vomitar todo lo que he comido.
Cuando te juré amor, no era para que Dios nos viera cómo nos matábamos.
¿Cuándo fuimos hermanos?¿Cuándo fuimos sangre?
Limpié mis fluidos con la luz de la enfermedad.
El asesino será un poeta y Dios será la rosa enferma que nos bendecirá a todos
con cohetes y flores en nuestros estómagos.
¿Dónde quedará el mar para los enfermos?
¿Dónde quedará el cementerio para los amantes?
¿Dónde quedará la vida para los locos?
Me enamoré de ti porque la palabra siempre huía de mis manos.
El versículo era una cuerda con la que me intentaba ahogar en otoño porque los árboles eran casi eternos.
Podemos dejar la filosofía arder en nuestros páncreas sagradas de incienso o huida.
Podemos soñar que los restos de Augusto están en nuestras arterias de diamante.
Eyacula en el nombre de los ángeles de acero.
Eyacula en el nombre de la divinidad fisiológica fraternal y hospitalaria.
Hemos aprendido a calentar nuestros cuerpos con sábanas de agua.
Hemos aprendido a gemir como perros de aire.
¿Hemos sido amantes? Dímelo, cielo, he soñado que el amor se lo inventaron las ratas en la guerra, en la enfermedad y en la muerte.
Dímelo, cielo, Dios está lamiendo mis ojos y aún no he besado tus labios helados.
Dímelo,  estamos en una cama en donde no sabemos a ser uno.
Cariño, cuando me dijiste que el corazón era una puta mierda,
yo me masturbé para llorar la tristeza de mis amapolas,
vomité para sentir en mi estómago una ciudad herida por el vértigo de seguir creyendo en algo,
me masturbé para creer en algo.
¿Por qué no me respondes?
Es porque te sodomicé con mis lágrimas pintadas de azul.
El azul era el color de nuestra destrucción.
La vida no me enseñó a mantener mis órganos en paz.
Tengo las piernas manchadas de un líquido que no es yodo, y te quiero.
Es porque alguna vez te odié de verdad,
porque la belleza nos quería ver ahogados en un río de vasos rotos.
Pero hemos aprendido a que el orgasmo nos llevará por delante de la sinceridad,
y la sinceridad por delante de nuestros estómagos,
destripados y limpios de semen y caramelos.
¿Por qué no me respondes?
Cariño, no ves que tengo las bragas manchadas de sangre,
sólo he vomitado una ensalada con mis muertos,
pero necesito vomitar más hasta que mi garganta esté lista para amarse en la nada.
Miro mis piernas descompuestas,
y recuerdo con la llama en el intestino blanco
que vimos vídeos porno a los cuatro años. 
Jugamos a ello, pero algo salió mal, no salió nada,
no abusamos del tiempo,
conocíamos lo que era el perdón.
Confesamos nuestro nido para resucitar.
América nos dejó la libertad de tener una bomba atómica en forma de una ciudad estéril.
Quiero ser poeta para asesinar a dios, solo él puede comprenderme.
Si no me perdono a mí misma, cuándo aprenderé a perdonar al lenguaje que me vio nacer.
Siento todavía el cordón umbilical que me enlaza a ti.
Los niños aprenderán a comer nuestros órganos.
La pornografía fue un arte para desnudar la tristeza.
Me acuerdo de que  te corté tu pelo como a Sansón cuando viste el mundo destruirse.
Me acuerdo de que me dijiste que tu cabeza sería como la de Juan de Bautista,
con ese aura de poeta sacrificado en su creencia.
Y aquí la tengo, en mi regazo, desgarrada, el amor es una forma de cometer un asesinato,
fuimos los dos que cometimos un asesinato en la cama.
Ya lo dijo María Panero: " El acto del amor es lo más parecido a un asesinato".
Nos corrimos para no mirar el presente con sus manos sucias de cristal.
Nos corrimos mirándonos hasta que el verbo fue humillado.
La erección hizo temblar tu ser en sus cuatro estaciones,
la mirada celebró nuestra huida.
Hicimos de la victoria un  hermoso  suicidio.
Déjame que haga de ti la belleza caliente y triste de mi suicidio.
Mañana eyacularemos a la noche,  a la rosa y al diablo, prometémelo.
Mañana aprenderemos a matar, prometémelo, la sangre dejó de ser lenguaje del cielo.
Déjame que haga de tu saliva extranjera de mi silencio.
Déjame que te haga la respuesta que tanto tiempo buscaba en las entrañas de una piedra.

2 comentarios:

  1. La locura se ha adueñado de las improbaboes alucinaciones de Poe. Tal vez más.

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  2. La locura se ha adueñado de las improbaboes alucinaciones de Poe. Tal vez más.

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