jueves, 29 de enero de 2015

Creo más en el orgasmo que en el poema

Quiero imaginar que  la palabra juega a coger un cuchillo de niebla 
y me lo clava en la vena más podrida y más humana de mi cuerpo.
Puedo creer en la tristeza más que en el asesinato.
Puedo creer más en la crueldad que en mis ojos descansando
sobre un nido de huesos y huidas.
Amaso mis ojos opacos de fluidos.
Amaso el vientre y no las preguntas.
Amaso el intestino y no los puntos de saliva.
Creo más en el vómito que en el poema.
Creo más en el orgasmo que en la persona.
Los grandes amantes se asesinan en la cama.
Se escupen vertederos de moscas, ángeles y árboles talados de gloria.
Quiero imaginar que la palabra es una niña de seis años que juega
a clavarte una astilla de hierro en tus pulmones de gorrión,
y una astilla de aire en tus genitales de cuarzo.
Quiero imaginar que tus alvéolos se transforman en perlas de granada,
que tu amor sea un prado de cerezas azules.
Mientras la niña cultivará para nosotros la flor o el plancton para recibir el frío.
Mientras el plancton nos ladrará el aire o el camino.
Mientras el orgasmo nos hará sudar constelaciones de invierno.
Mientras orgasmo me amasará nidos de sangre en tu boca
para que creamos que la palabra ha venido a protegernos de la vida.
La vida ve cómo execro la religión de mis ojos lingüísticos.
La religión de tus uñas que son navajas verdes clavándose en el vientre de un caballo.
El caballo gime como un pájaro violeta herido de insomnio.
Tenemos que dejar que la metáfora se haga una máscara de la eternidad.
Tenemos que dejar que la metáfora eyacule sobre el agua de nuestros sueños. 
Tenemos que dejar que la metáfora vomite el esperma de todos los santos hipócritas del mundo que no existen. 
El caballo llora parásitos de lava.
Y es que creo más en el orgasmo que en la poesía.
Y es que creo más en el orgasmo que en la evasión de la metáfora.
Pero creo en la metáfora. Creo en el collage de mis venas durmientes de droga.
En el collage de tus moléculas de yodo quemadas por la luna.
Y es que pienso en el propio cáncer de la muerte.
Pobre caballo que llora insectos de leche.
Pobre tu corazón que amenaza con ser el día más cruel de América.
Pobre el profeta que hace el mensaje el más hermoso de los suicidios.
Pobre de ti, que me miras como una virgen comiéndose
a sus siete hijos, cadáveres del teatro.


2 comentarios:

  1. Qué intenso.
    Me cuesta pensar en algo en lo que se pueda creer más que en el orgasmo.
    Besos.

    ResponderEliminar