domingo, 26 de octubre de 2014

Fuimos jóvenes y no supimos leer este poema

Fuimos jóvenes y no supimos detener el tiempo.
Sin embargo, ahora amamos la historia
anatómica de nuestro ser.
Ahora amamos la descomposición del arte.
Ahora nos gusta que nos arañen los gatos
cuando estamos en la cama
sintiéndonos vulnerables ante tanta tragedia
que hay por encima de nuestras cabezas de plástico.
Ahora nos gusta clasificar nuestros dientes
según la sangre que hemos derramado
para que el aire fuese más o menos cruel con nosotros.
El espejo nos ha hecho tanto daño
que los sentimientos lastimaron a los árboles
y los árboles violaron la belleza de los peces,
tanto que los padres de la libertad se ahorcaron
con bufandas de ácido.
Fuimos jóvenes y no supimos leer el drama
de una ciudad ardiendo en cicatrices.
Sin embargo, ahora amamos el odio de nuestros hijos
hacia el mundo.
Ahora nos gusta prostituir poemas de ceniza
en los mataderos del egocentrismo.
Ahora nos gusta ser perros de agua caliente
para violar a los ángeles que nos prometieron
una nueva gramática para leer el erotismo de la enfermedad.
Ahora nos gusta que los versos flagelen nuestros glúteos
hasta  ver la sangre violeta en los ojos de nuestros gatos.
Fuimos jóvenes y no supimos leer la sangre de nuestros padres en el papel.
Sin embargo supimos masturbarnos con la boca
y nuestros gatos abandonaron la ternura para ser sirenas de metal.
Sin embargo supimos amarnos con el tumor hacia dentro
y nuestras sirenas abandonaron la histeria para ser águilas en llamas
y descansar en nuestros sexos tupidos de bocas y dientes que salen
de un posromanticismo grasiento no investigado por la madre naturaleza.

martes, 21 de octubre de 2014

Tragedia sentimental

¿Dónde están los guantes para limpiar esta sangre
que sale de mi pecho?
Mis pulmones no pudieron medir la tragedia
en un cubo de basura, puro de atrocidades
humanas.
La noche no pudo reconocer su delito
porque los niños sabían matar antes que sus padres.
Eres mi marido. Recoges mis transfusiones de óxido
para regar las flores que descansan en la tumba de mis bisabuelos.
¿Pero dónde está la esponja para limpiarte la sangre
que sale de tu vientre?
Tu vientre no pudo soportar la caída
de mis  órganos democráticos de esta realidad.
Podrías haber fingido que sentías al menos vergüenza
cuando yo quise destruirte en una reacción de despecho,
pero estamos aquí en la ducha
manchándonos con este líquido que no huele a nada.
Nunca nos entendimos como hijos de la tragedia.
Fuimos malos hijos de la destrucción.
Nos prostituimos para conocer el origen de la tristeza.
Nos prostituimos porque nos decepcionamos
de los sentimientos  más transcendentales de la vida.
Nos prostituimos porque el matrimonio
nos hizo tanto daño que nuestros intestinos
estaban para tirarlos
a un contenedor de reciclaje.
Nos fumamos el seguro de vida que tú mismo pagaste para mí.
Nos fumamos el dinero que nos hizo ser hijos mayores de la libertad.
Ahora te sientes muy sucio porque no sientes tu corazón
entre mis piernas, después de haberme matado supuestamente.
No te preocupes, haremos de esta tragedia una fantasía sexual,
y querrás enterrarme para siempre,
o no.



domingo, 12 de octubre de 2014

El porno de las heridas blancas

Nunca dirás que la herida tiene una base económica en tu pecho.
Nunca dirás que en dónde está la herida se construyó  el porno con clavos.
Nunca dirás que las avispas eyacularon el rencor sobre tus párpados.

Tu herida habla de  Europa maquillada de cloroformo.
Europa amputada                  ojos de Lázaro abiertos            el aire se come a los hombres.

Tu herida se inmortalizó a sí misma.
Restriego mis rodillas con un estropajo viejo verde
y tú lames el suelo que besaron tus queridos Médici
y los santos no bendicen nuestras cenizas con las que pintaron la cara del humanista.

Restriego mis rodillas porque grabé la ópera de tu digestión.
Restriego mis rodillas porque las besaste como una reliquia barroca.

Tu herida no me habla en una gramática pornográfica.
Tu herida no me habló        de que los griegos           levantaron tu carne
para construir un toro manso para las estrellas del este.

Tu herida no  habla de mi clítoris triste.
Tu herida no me habla de la posibilidad de que hayas matado a una familia.
Tu herida no me habla       de signos paralingüísticos 
 de cuál es la causa por la cual te has intentado suicidar, 
 desangrando tus genitales poco a poco.

Besaste a Whitman porque creías que iba a ser el carnicero de tu corazón.
Besaste a Whitman porque yo no besé tus ojos inflamados de tristeza contemporánea.
Besaste a Whitman porque veía que tus venas podrían ser la iglesia de un sueño.
Besaste a Whtiman porque la herida blanca estaba seca en el papel.

Tu herida fue besada por un ratón terrorista.
Tu herida fue besada por el arte huérfano de los conceptos.
Heridas huérfanas de sangre cuajada.
Heridas huérfanas de hombres rojos

Otra reconstrucción que plagian mis ojos en tu boca:

Herida blanca/verbo castrado en mis rodillas
Herida romántica/ hambre simbolista
Herida abierta/ Micky Mouse se ha suicidado
Herida pornográfica/ montaña que apuñala mi vientre
Herida suicida/ arte hipersurrealista/ la hemorragia nasal tiene un precio
Herida capitalista/ Cristo se come los dólares bañados de sangre capilar
Herida sucia/ coágulo saliva en mi párpado rajado
Herida infantil/  niña y caballo.






domingo, 5 de octubre de 2014

Ofelia, y su teoría del estómago muerto

Ofelia se come la trenza del lenguaje ambiguo
muerte vanguardista
de tulipanes traducidos por la ceguera de dios.
Ofelia come mi trenza para dársela como papilla
a los gatos más hambrientos de las calles grises del fuego.
El río se contamina.
El bosque traduce la crueldad del estómago.
El bosque me traduce las drogas en los ojos de los peces.
Ofelia come el vello que abunda en el corazón de las bestias microscópicas. 
Ofelia come el cráneo de mis hijos.
Ya dejaron de producir la anestesia verde.
Ya dejaron de producir pinzas para detener el hambre.
Ofelia reescribe la teoría del estómago muerto.
Ofelia se hace un collar con los dientes de Rimbaud.
Los peces me reescriben en la lengua de los ángeles psicoanalistas
el verbo que se suicida de manera pornográfica en mis labios.
Ofelia  come mis uñas que descifran la herida de un orgasmo.  
Ofelia  come la barba de "lingüística moderna", e inviable de los banqueros.
Las leyes cortejan a los gusanos medievales de mi cuerpo.
Ofelia y yo hablamos de cerdos que nos contaban relatos sobre ciudades
supervivientes a la economía carnívora.
Hablamos de que la sudor tiene un color quirófano.
Hablamos de que en su cabello se esconde
el léxico de una relación sexual frustrada.
Hablamos de que en mi cabello se esconde
la tristeza de un atardecer nublado con mis pies tocando
la sábana y la soledad de un amor no correspondido.
Hablamos de que  una vez los trovadores vinieron con armas blancas
para recitar a la noche masturbada por el oeste.
Hablamos de que una vez los trovadores llevaron
liebres desangradas para nosotras.
Hablamos de que una vez  los trovadores llevaron
la orgía de los árboles vestidos de blanco.
Hablamos de la enfermedad de los árboles.
Hablamos de la posible muerte de los trovadores por
un beso de una bomba nuclear.
Ofelia come mis cejas y mis pestañas
para olvidar que existe.
Ofelia come amando los siete estados de su corazón
y los siete estados de mi infancia sexualmente
manifestada.