jueves, 25 de septiembre de 2014

Inyección amatoria

Hay una tumba de ríos en mis mejillas hinchadas
de basura caliente o de agua roja. Me inyecto en las raíces de mis dientes
el color amanecer o la duda de ser contagio.
Me contagio en el dolor o en el asco.
De nada me sirve dibujar una motosierra
si no tengo las piernas preparadas para un resfriado
si no tengo las piernas sanas y vistas por un médico
en un acuario con escamas que hierven la leche
en un cazo olvidado por los dedos de luto
y por una estrella que dejó ser vampira
en las pestañas de mis abuelos.
Me contagio en la duda de ser Florencia, enferma
de polillas de invierno y ratas que nadan al estilo mariposa.
Bebe la vaca la vena gruesa de mi vientre,
que una vez  bebiste porque creíste que era un antibiótico
para tus células amatorias que vimos en nuestros encuentros
efímeros en la cocina de tus padres supervivientes 
a un tercer amor adolescente.
Bebe la vaca el contagio y la caída de mis uñas.
Creíste ser un tenor de Venecia,
un tenor, que un día destrozó los oídos de los jardines,
que trotó como Neptuno por el vello de la pureza marina
hasta encontrar un carnicero para sus cuerdas vocales,
para sus venas que ladraron una nación podrida en los ojos de la luna.
Creíste que mis manos burguesas te iban a dar la universalidad del amor.
Creíste ser un cocodrilo muerto y asado en la boca de una niña, que murió
por buscar el cráneo de su madre en los dientes del Papa.
Bebo  el verso escuálido y sacro de mis ojeras
bebes el retrato de un amor manchado de pus
bebes el exotismo de mi vagina abierta a los cuchillos del sol
y comes los girasoles por sentir que la eternidad te sodomiza
hasta creer que estás solo en una capilla
y que Cristo va a besar tu huella vacunada del tétanos.
Cristo te tatuará la palabra "templo" y el amanecer  sustituirá
mi dolor-raíz-interno por el nombre que no aparece en las reglas del hambre.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Orgasmo subterráneo

Violeta engancho el alacrán a mi rezo
pronuncio la tripa celeste
flujos-rama-incandescentes resbalan
por mi ombligo torturado
quebrantando el soliloquio de los árboles
desnudo el encéfalo sangrante
desnudo la fonología de mi clítoris: volcán negro de hormigas
pronuncio la saliva bizantina
en tus córneas 
dibujo hematomas en mi médula
versos  capilares flagelan la mancha
quemadura que despelleja la santidad
del cráneo
arrugas en mi clavícula
amor por los jardines contusionados
galopa la hemorragia subterránea
tejo en mis uñas las sábanas con mis orejas mutiladas
el verso harto de su estómago caliente
la lectura de las ojeras de una gallina crucificada
mi vello púbico se incinera en una caja funeraria
el tigre se come al bebé sano que sale de mi clítoris
el tigre se come la poesía harta de sí misma
el agua reclama su origen
su incertidumbre
 y su peso en mi corazón de óvulos
óvulos sacados del pellejo de la luna
sacados de las plumas del gallo pálido en un barreño
sacados de los párpados azules del sueño
sacados de los dientes del zorro
mi clítoris muerde el nervio de la muela
fracturada de anestesia
el zorro destripa los intestinos gruesos
de los árboles amarillos
su barriga sucia quebranta el silencio
de los alacranes de mármol.
  

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Exhumo cerezas


Taladras mi pecho que exhuma cerezas
mi pecho de fuego que asa las mejillas de un yo cohibido.
Coges la lluvia de flores y entierras a Lana del Rey
en una urna de doble cristal para que no la maten
mientras duerme y pronuncia el paraíso de un renacimiento.
Besas sus labios resumiendo la arena del mundo en un instante de gas.
Lana del Rey se come sus uñas postizas para no arañar el sol
con el que te ves el rostro magullado y tus ojos llenos de testosterona-
infantil-no reconocida por tu corazón de sangre sabia.
Segregas tu saliva coágulo azul azótame con la vena arrugada del viento.
Luchas con la música de tus órganos que digieren la voluntad.
Mis medias rotas se resumen en la garra cruel de la soledad
en tu garra semiótica de lo que siempre has soñado y lo que me has querido decir.
Te imaginas que soy la musa de la lingüística de tu ser.
Te imaginas que los grandes tigres que has visto en el videoclip de Born to die
muerden poco a poco los músculos de mis ingles
que los cierras con hilo y los sanas con esmalte rojo.
Yo quiero tocar ese azul cielo cúpula con esos querubines diabólicos
que me recuerdan a los duendes que secuestran a Santa Beatriz.
Quiero que te aten en un árbol y te depilen tus brazos y tus piernas
para que te ensarten cuchillos como a San Sebastián
y que las moscas te quieran más que yo.
Las moscas estarán deprimidas porque tus orgasmos
serán rosas crudas que me vomitarás en mis piernas de Blancanieves
en las piernas de una gripe de otoño.
Taladro tu ombligo de dios muerto para que el perro de la juventud
lama tu sangre blanca de cuerpo poético.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Billetes que queman estómagos o amor


Puedes sentirte honesto contigo mismo
quemando tu ropa de adolescente.
Anoche te encontré en un banco tirado inconsciente
con una pistola sobre tu vientre, 
y una paloma te estaba sacando de tus bolsillos
y de las tripas de los banqueros algún billete
diamante o el corazón de una vaca que vomitaste
sobre el pecho de mi padre.
Y ahora estás quemando tu ropa
y me dices que me vaya a ver el final del mundo
que está cerca porque el miedo no existe ni tampoco la sociedad.
Ahora me dices que traficas oxígeno para un jardín botánico.
¿Acaso no piensas que no estoy enamorada de tu anatomía
interna sentimental que- no -se- vende- ni- se- compra?
La felicidad abstracta se va a ratos de nuestros cuerpos
mutilados por un seguro de vida/muerte/frontera/corazón
mientras el alma existe en una ciudad de caníbales.
Me hablas de las vanguardias con las que masturbamos
el corazón de un drogadicto sincero con la realidad.
Me dices que no soy sincera con el mundo real.
Yo te digo que tu silencio no es sincero con tu cuerpo.
Me dices que antenoche viste como del cielo caían billetes ardiendo
y que corroían la piel de nuestros vecinos silentes
las tumbas de los héroes que limpiaron nuestro pan
para comerlo con seguridad y armonía.
Me llevaste a un anfiteatro donde había cráneos
donde había caballos que lamían los cráneos para no sentirse solos,
donde los actores descansaban de sus máscaras,
donde las máscaras estaban guardadas para los banqueros del mañana.
Te sientes frustrado por no tatuarte el dólar en tu lengua
o en tu máscara de hierro.
Imaginas que estamos bailando desnudos
mientras el mundo se queda absorto mirando cómo la oscuridad
entra en las puertas de sus dormitorios y la cama sin actores porno
sin actores que interpreten la felicidad.
Falta que ases tus órganos vitales como aquellos mártires
pintados en esa etapa oscura de la Edad Media
se ven esos Cristos estáticos serios esa mirada de jueces que te llevan
a una silla eléctrica o la cadena perpetua.
Te quiero porque mi vientre así te siente, me susurras.
Y la ropa se quema y las hormigas te esperan
para ver cómo comes sus monedas.


martes, 2 de septiembre de 2014

Sueño leproso (VI)


El sueño devora el ojo pegado al vientre del león.
No es el león lila, sino otro que ruge
los hierros de nuestro sistema circulatorio
que ruge rosas de litio a los niños del sistema solar.
No puedes detener las cataratas de sangre que echa la herida universal.
El silencio no te deja ser la bestia que lamió el clítoris de la muerte
que lamió mi clítoris cuando la luna se quitaba sus escamas
en nuestros ojos.
El silencio del león te deja creer en la sirena de diamantes
en los borrachos que almuerzan
la ciudad funeraria de los poetas del verbo.
El león come tus cuernos azules y tu cabello trenzado por las tres damas.
Las estrellas de la enfermedad roja se queman en tu rostro
y lloro por sentirla en lo no absoluto de mis palabras
por sentirla en la médula de la ceniza blanca.
No cambia la velocidad de la luz rota
ni la yema ya batida en tus ojos.
Se ríe por tu rostro de mantequilla pálido
de ver entre los dientes de algunos perros pájaros de cristal.
Lloro miel amarga por verle así
porque le deseo con mi corazón apuñalado con el vidrio de una iglesia gótica.
Veo en tus ojos la metaliteratura de la crueldad.
El león come el corazón de Judas sobre tus genitales.
Me besas mientras el león se ríe de sí mismo.
El profeta americano beberá la sangre de María en tu cuerpo de cordero.
Y el poeta del nosotros-universales masturbará nuestros órganos
psicodélicos y sexuales de la metapureza
y estaremos desnudos y cansados de traducir la tristeza.
Y posiblemente llore algún niño solar
algún hombre jardín por ver al león desenterrarse de sí mismo
con las pulgas mordiendo la carne opiácea del invierno.