martes, 26 de agosto de 2014

Narcótica herida

Fumas la narcótica herida del sol.
Te haces una corona de billetes de cinco,
te imaginas ser un dios fumando los testículos de Pluto.
Coses en tus costillas la constelación del éxtasis
dibujas la geometría del orgasmo
mientras yo veo cómo los efebos cosen tus girasoles
en sus tiernas mejillas quemadas por el brillo del aluminio.
Toso la semilla de tus feromonas imperfectas.
Fuiste un stripper para los viejos dioses más cotizados de la sin- nada.
Tuviste que dejarlo para regar tus girasoles que eran alimento
para los pájaros que no aullaban las cenizas de la  palabra.
Encontraste higos podridos en tus oídos por tu trabajo.
Fumas la piel arrugada de la inocencia.
Imaginas a un chico virgen tumbado entre amapolas
y sientes que las amapolas lo violan mientras el viento acuchilla
los genitales relucientes de su padre que podría ser un centauro
en los ojos minúsculos de un caracol.
Estás sensible porque olvidaste que ese niño eras tú.
Lloras sobre mi pecho libélulas rojas.
Tus cicatrices de tu vientre huelen a formol.
Fueron marcas por una pelea infantil 
con tu hermano devorado por su estómago vacío.
De pequeño soñabas  con ser el cadáver de un paleontólogo.
Ves en el agua tus rodillas sucias de pestañas y costras mal curadas.
Las moscas empiezan a vigilar tu carne abierta.
Tiemblas porque imaginas tus girasoles tirados en una habitación no huérfana
de erratas y equivocaciones de nuestros mayores.
Tienes la carne frágil-absolutamente frágil- te toco como a un verbo herido por el yo.
Ves un agujero triangular en mi costado.
Un agujero negro que absorbe tu resistencia-al-amor-inexistente.
En él imaginas tus intestinos en un plato blanco en el  suelo.
Muerdes mi pecho para saber si la realidad es un plato blanco en el suelo.
Engordas el vacío que ha dejado el orgasmo en tu médula espinal.
Y yo cierro los párpados mientras fuera oigo un bombardeo de tulipanes de plástico
y los niños se mueren de miedo porque no quieren enamorarse como adultos.

viernes, 22 de agosto de 2014

Sueños leprosos (V)

Un poema transparente ojera que sangra.
Un orgasmo silencio que cubre
 la ceremonia estéril.
Una abeja ladra en tu oído.
Una polilla ladra la basura de tu cerebro.
Una vaca come tus pezones de niño océano.
Una mariposa muerde el verso equivocado
muerde el vientre de leche de una gata
muerde la generación mitológica de tus venas
escayoladas de drogas.
¿Coges el pánico o el poema?
Sólo el color mutilado del mar, 
o la geografía herida.
Te escuece.
Ves  los pájaros llorar sus incestos.
Un caracol besa tus nalgas de cristal.
Las musas reconocen el terrorismo a sus dioses.
Las musas epilépticas besan tu mano.
Desgranan tu rostro andrógino.
Te tiñen el pelo de rosa y las lágrimas, de petróleo.
Liberas el esperma azul de tu infancia.
Yo, en cambio, te crucifico en mi manto de
de cigarras mudas,
de amante durmiente.
Y los niños encienden la guerra en tu vientre.
Te ponen tubos de oxígeno.
Es una ceremonia estéril.
Mis ojos sangran vidrio.
Y tú sangras lejía sobre mi cuerpo desnudo.
Un cerdo tiene celos de tu vientre.
Quiere violarte.
Contaminar tus órganos blandos de gasolina.
Yo mientras te limpio los labios de espuma.
Hay niñas con máscaras de oso que van a vernos.
Estás viendo sangrar Europa sobre tus genitales.
Estás viendo tu pánico sobre tus genitales.
Tienes piernas para ver arrodillar el silencio.
La virgen de hospital te dejará curado
cuando la noche se vomite a sí misma sobre la tapa del váter.














martes, 19 de agosto de 2014

La simetría del frío

Nadie me dijo que al nacer odiaría tanto el lenguaje
como soñar que la ventana tendría mi cara
mi sangre y el amor de hacer tu cuerpo
cenizas pastillas jaulas ciervos avispas
un museo nublado de vientres ajenos.
Me sacaron al nacer el color orina el color lágrima el color inocencia.
Mis pulmones todavía prematuros arañan el color enfermedad
y tu amor de tatuarme espejos donde la niña confunde
los peces con los ángeles de la guarda.
Nadie me dijo que era una traducción del frío
nadie me enseñó el cadáver que había en los ojos de la amapola.
Podrías tatuarme costras o cicatrices 
que mienten sobre el tiempo.
Podrías tatuarme máscaras en donde no sabemos
ser actores de las heridas.
Yo podría hacer de tu vientre
un cementerio de tiburones vivos.
Yo podría depurar lo que derramas sobre la noche
depurar la contemplación de la noche.
El ojo derramó la pregunta que duele
calentó la mano que duerme en el espejo.
Nadie me dijo que era una traducción de un espejo.
Repetí tanto el color de mi huida que el cadáver
estaba caliente en los ojos de la amapola.
Podrías tatuarme rostros ciegos de lluvia ácida,
están mudos ya que intentan
encontrar  la simetría del frío.






viernes, 15 de agosto de 2014

El porno de los árboles tristes

Lloras yodo
lloras la carne cruda de un gato
y la carne de tu estómago de niño jazmín.
Lloro el porno de los árboles tristes
y me ahorco con sus intestinos verdes
y las hormigas se convierten
en las salvadoras del caos.
En tu estómago guardas un féretro
de tortugas.
Las hormigas escriben baladas
para nuestros hijos que se han convertido
en estrellas en la garganta de un tigre.
Pierdo el color suero de nuestros orgasmos.
Pierdo la bestia que se comió al gato
manchado de basura blanca.
Pierdo mis rodillas anestesiadas
y la primera gripe con la que me enterré
en tu cama de pájaros caníbales.
Podrías ser un destructor de montañas
mientras yo cosería la lluvia
las trenzas para ahorcarte
y las pirámides de color lila.
El cerdo nos lloraría en tu cuna de pájaros asados.
No hemos conocido a los primeros amantes.
Ni hemos conocido a los primeros maniquíes
que eran inmortales en sus dramas de oro.
Bautizarán las estrellas
nuestros cadáveres calientes
y la eternidad de un año en que morirá el sol.
Nuestros niños se habrían enamorado de nosotros
con  anillos de ceniza
con  jaulas de una niña enamorada
por sus labios muertos de azul.
Tus espermatozoides han sido llevados como ofrenda
a los árboles depresivos.
Nuestros hijos que no conocieron la poesía 
eran hijos de la segunda gripe con la que me enterré
en la adolescencia de los pájaros muertos.
No hemos conocido a los actores de nuestro dolor
tampoco a los primeros árboles enfermos de sangre:
sangre mala del universo.
Nuestros hijos eran bulímicos al semen de dios
al semen de los poetas elegíacos del cielo estéril.
Lloramos el porno de los árboles estériles.
Lloramos el porno de los árboles salvajes
cortados por la mano del superhombre. 





viernes, 8 de agosto de 2014

Sueños leprosos (IV)

Tú hablas de la anestesia como la biblia de las heridas blancas.
Tienes un gato en tu vientre de libélula.
Un sueño con hormigas verdes.
Me descuartizas en la época victoriana 
en un zoológico.
Un sueño con costillas azules de hiena.
Pierdes el seno de tu madre desmenuzada por una osa
de mármol.
La araña se ceba de tus intestinos de pájaro.
Yo te imprimo el espejo de mi luto
a todos los pájaros que creíste 
sagrados cantando jaulas de morfina.
Las moscas bailan retorciéndome el saco
de mis vísceras manchadas de sintaxis de la bondad.
Puede que la ciudad te vomite en la cama del hospital
las pirámides de mis perros tristes 
el triángulo de mi sexo triste.
Me dices que parezco a una princesa de China
que comía mariposas en las venas ácidas de las montañas.
Me dices que parezco a Dido comiéndose de su pecho
las flores asadas, una ofrenda para los cerdos de mármol.
Me dices que parezco a una golondrina de gas 
que arrancaba tus pestañas de noche naranja.
Tienes la premonición de que los médicos van a inyectar 
una vacuna mortal a los personajes de Disney.
Tienes la premonición de que tus dientes serán embalsamados 
como un tesoro o armas de guerra. 
Y yo tengo las pirámides de mis ojos tristes 
con los que no me darás la estación de un corazón grasiento
no me darás la tumba de una diosa de mar ardiente de color eterno.
El gato se volverá un poeta loco de mi vientre triste.
El gato me devolverá el verbo de la apatía.
El gato o tu gato me devolverá el sincero abrazo del amor.
Tu gato me arañará con dinero de aluminio. 
Viajas hasta llegar a un planeta al que llamas Adolescencia- sin-Oxígeno.
Mis bragas están en los cubos de basura que son máquinas de escribir 
cuerpos geográficos de mi infelicidad.
No creo que los ángeles vayan a contaminar con sus labios de hielo
el jardín de los perros que hay en tu garganta.
Los bomberos me sacarán con tu cadáver ardiendo de fiebre humana.
Los bomberos devorarán nuestros cuerpos tatuados de espejos
silencios y bombas de nieve. 
Ha sido un sueño con la anestesia que muerde tus genitales de cuarzo.
Ha sido un sueño donde he sido todos mis cachorros de una tristeza floral.







domingo, 3 de agosto de 2014

El silencio pálido de los perros

Mudo el perro en su tristeza de lamer el muslo blanco de un ángel.
Mudo el perro en su tristeza de morder la nalga de mármol de un ángel.
El perro muere por una indigestión de símbolos.
Asimétrico orgasmo flor de esperma azul vena huérfana de la pregunta.
El perro escupe vidrio molido de tu cuerpo.
Echas baba de cordero o de dios mutilado.
Blanquísimo tu cuerpo sodomizado por el enemigo del arte.
Espejo sucio. Cadáver geométrico del placer.
El perro escupe una isla con niños asesinados.
Ladras en la cárcel de la perfección.
Huyen las pulgas de la morfina.
Te desinflas como un globo de cerdo.
Anubis hombre chacal embalsamador que me viola los pulmones
necrófilo que bebe la ternura de un pájaro que fuma la vagina del aire
bestia máscara de una tumba alucinación de un niño que abrió el ano
de la verdad.
Me hiciste la reina que comió a tus hijos.
Reina muda con una máscara de hierro y el sexo de diamantes.
Mi corazón mártir de los peces.
Riega con tu baba de hormigas el cráneo de mi amante Caín.
Cachorros de anestesia en mi nariz.
Perra durmiente descuartizada en un silencio pálido de silencios.
Perro vampiro que se comió la madre virgen de mis alimentos.
Muda la nieve donde aúlla el lobo su quemadura de un siglo sucio.