viernes, 30 de mayo de 2014

Insolación de cal

En el aljibe guardaba el muerto
                                              su jardín perfumado
la araña desnudaba el agua en claveles de cal.
                                               
La telaraña se volvía de cobre
y el crespúsculo
                                sangre de un gorrión.
Bajaba dios madre para pintar los labios de su hijo
                                   
herido con el cuchillo de oro
                  con la sangre de un pulga gris.
Cortaron la luna
                              como una cebolla limpia.
La desnudaron con las pestañas
                                                         de una sed roja.

El color morado de mi costra
                                 era quemado por la blanca pared.
El perro aullaba
                   mi pecho comido por moscas negras.

En el aljibe encontraron el cadáver con gusanos blancos,
las plumas de un eclipse en su coxis.
El sollozo de un bebé que tomaba
                                   la sangre del pecho de la Virgen.

La luz que bebía el caballo se queda estéril en mi lengua
llena de ortigas             amapolas                    sangre verde.

En el aljibe encontraron el cadáver oliendo a azahar.
Y el cántaro vacío en mis piernas mudadas de otoños
                               que galoparon por mis senos de niña.

Me desnudaron en la sal que deshidrata el fruto
              en el viento que siembra mariposas negras.

Y la noche me vistió de espejos que ardieron una vez
en los dientes de un hombre que no supo ser un niño
                                          bajo la lluvia de un sol de cal.


 

Poema inspirado en el cadáver del aljibe que aparece en Puñal de Claveles de Carmen de Burgos:
 
Esto obedecía a un suceso macabro, del que se conservaba memoria por la cruz puesta sobre la puerta del aljibe. Las aguas habían ocultado un cadáver, no caído casualmente, sino asesinado, porque una gran piedra lo había sujetado al fondo.  Durante muchos años se había bebido aquel agua, hasta que al fin, en una limpia, fue encontrado el esqueleto.
 
 
 

 










sábado, 24 de mayo de 2014

Unión no grasa

Mi cuerpo se ha juntado con los peores cuerpos
¿Qué parque es este?¿Qué precipicio?
Pablo Fidalgo Lareo
 
 

Plastificaron tu cuerpo.
No fue fácil embalsamar tu cara descompuesta
quemar el árbol azul de tu boca
y las polillas que besaron tus piernas de niño.
Los tanatorios se habían convertido
en tiendas de medias.
Y los ángeles en traumatólogos
de los sueños.
No fue fácil buscar tu cadáver
en un cementerio de insectos,
en un cementerio de comida basura.
Te encantaba pensar en San Juan de la Cruz
cuando mirabas el plato vacío de la mesa,
esa unión de estómago y comida
hasta desnudarme en el tiempo.
Dejabas de pensar en lo blanco que es el plato,
el rostro blanco en mi labio cortado
en la radiografía de mi estómago.
Yo dejaba caer mis pestañas postizas
sobre el color negro de la basura.
Me preguntaste
¿Qué es el precipicio?
Y yo te pregunté ¿Qué era un cuerpo
en movimiento?
Dejamos de hablar en el momento de ver
nuestros hígados en las manos del viento.
Viento que se une al sol.
El sol pronto quemará tu grasa en mis ojos.
Mientras tanto sólo veo la luz de un quirófano.

sábado, 17 de mayo de 2014

Sueños leprosos (II)

Un congelador de relámpagos de leche,
un congelador de estómagos quemados
en un sueño en que no podría saber
si mi cara estaba arañada
por una página de un cuento sadomasoquista.
Eran tesoros  después de ver la tierra sucia de dinero,
de larvas de insectos y lágrimas de plutonio.
No sabía si tu cuerpo descuartizado
estaba ahí o tus órganos estaban esparcidos
por las sábanas de agua caliente.
Lo que encontré en ellos fue un corazón de vaca
y tu foto de Cristo manchado de grasa.
Vomité sobre tu pecho hormigas,
antes que tu cuerpo fuera arrojado a un matadero.
El asco no me venía abstracto.
Vomité sobre tu pecho de niño,
tus flujos, mis hemorragias de una operación,
mientras lobos estaban apareándose en la nieve.
Vomité el azúcar en ese sueño manchado de lava,
detergente y caducados preservativos.
En verdad me arañé la cara con la piedra de luna,
y tu falo fue herido por la luz del diamante
en ese sueño en que no sabía si mis pechos
eran mordidos por perros solares.
Lo que encontré fue una sombra masturbada
descansando para después mancharse de oro
y dejar mi cuerpo a la nada devorada
por una mariposa caníbal.


domingo, 11 de mayo de 2014

Sueños leprosos (I)

Es un sueño leproso en mi cabeza de mariposa de falso plástico.
La noche se desnudó en arena y leche.
Mis manos se llenaron de espermatozoides inútiles.
Cristo vino a orinar sobre la luna.
Y yo empecé a preguntarme si habías ido al vertedero
a buscar el corazón de tu madre.
Fui a buscar un tigre para devorar su sexo.
Si no me encontrabas, era porque también fui a comprar
flores marchitas para un perro que se indigestó por comer
noches caducadas y cucarachas blanqueadas
por la lejía que quemó tus manos.

Araña este sueño leproso que te estoy contando:
Vomitaste tras soñar el esqueleto de un perro
arrancando el pellejo de mi teta izquierda. 
Te excitaste cuando aparecía en mi boca
una mariposa con manchas de leche,
te excitaste cuando te quemaste la lengua
y no podías sentir la carne erizada de mi pecho
antes que fuera devorado por el perro y el tigre.

Lo que encontraste en el vertedero
fueron personas con cabezas de oso de peluche
imaginaste que el corazón de tu madre estaría en mi vientre.
Yo encontré un tigre mutilado para una orgía
y  ese perro intoxicado que arrancaría el pellejo de mi pecho.

Es un sueño leproso de una mariposa que devoró su sexo
para que creciera mal la noche en nuestros ojos.







miércoles, 7 de mayo de 2014

Amantes en el ojo del pintor

¿Cuál será el tacto de una mano con otra mano?
Sandra Martínez


Mi corazón sobre una montaña de sal gruesa.
Latido tumba cicatriz en las venas de un tigre.
Cabeza de un saltamontes en mi pelo.
Mutilaciones con una motosierra
a tu cabeza de insecto
y tu cuerpo de tigre.
Sangre malva en el rostro del pintor.
Huracán de insectos en mi estómago
o huracán de tigres en mis ojos.
He pintado mis piernas
con la sangre de una pulga muerta
pero no he renacido a dios.
Estaba pintándolo con el rojo
esmeralda sangre seca aceite y cal.
Queman la hormiga
y el sol en un congelador.
La luz no crece en el espejo.
El asco es una lágrima de sal
en mi lengua  de manos de mármol
Él pinta una lluvia de pestañas
y la angustia se palpa
en la otra ventana.
El ojo no llora, se desangra
en mis trompas de Falopio.
Tus zarpas están diseccionando la noche
el diamante, el calor, su cráneo.
El amanecer ha caído en un vaso
de agua limpia.
Él deja su pincel a un lado
y empieza a imaginar la anatomía
del mar.

viernes, 2 de mayo de 2014

Paraíso higiénico

Amor higiénico.
Lavanda manchada de amoniaco
en mis labios.
Es un masturbado sur.
Pasta de dientes en una quemadura
de mi pie derecho.
Escozor, sal, vinagre.
Herida tridimensional.
Máscara anti-gas.
Voces fragmentadas
en un vaso de arena.
Nieve en la orina.
Cráneos en el vientre de agua.
Hemos nacido de la bulimia de dios.
Paraíso higiénico.
Bosco desgarrando tus genitales.
Un espejo vestido de matadero.
Agonía en el fregadero.
Barro en mi ombligo.
Seremos aceite en la tumba.
Tumba de escarcha.
Continente de silencios.
Color congelado en mis pestañas.
Destierro higiénico.
Y los niños arrancarán
nuestros pezones ya disecados
y los guardarán como tesoros de este siglo.