lunes, 24 de febrero de 2014

Huracán de amantes

Pon la costilla  hecha de crisálidas de invierno
                       en la pierna.
Pon tu encéfalo
                    en mi vientre.
Sujeta tu coxis.

El huracán llegará con las cenizas
de nuestro huerto plantado de carne.

¿Quién me dijo que el cachorro del dolor
iba a ladrar a las nubes rebanadas
                                          por el ojo del poeta?

Claro, somos 
carniceros en bosques  de aluminio
 plata      o         crepúsculos 
en pleno apareamiento celestial.

Pon el sueño                
                    en tu aurícula derecha.
Pon el tímpano             
                     en la justicia.

La tormenta dejará nuestras vísceras
en el campo arado del olvido,
con las hormigas
               descansando 
                           en sus propias sombras.

Y no nos despertaremos en manicomios
de ovejas que coserán su lana 
                                           a tu piel
sus ojos de leche 
                          a mis dedos de niña.

Estaremos muertos. 
Muertos de salud,
                           de ser amantes
apócrifos creados por esta luna animal que aúlla
por un  costado
                            de la memoria humana.

Muertos            de tierra, 
muertos  del hueso roído por el insomnio
de la puerta que dejaste abierta
                                                a nuestros hijos de viento,
al no-significado. 

miércoles, 19 de febrero de 2014

Manchas de aceite en tu última palabra

Horizonte en un huevo frito.
Frita la elipsis. Frita la comunicación.

Sal en la pestaña.
Lágrima universal.

Tu vientre rebozado, carbonizado.
Momia en estado crítico. 
Es tu caja de Pandora
junto a los sesos de cerdo.

Deshuesada la noche.
Cálida desde    la            ausencia.

Pálida la corriente de latidos
canibalismo               sustantivo congelado
en la garganta del universo.

He guardado tu tenedor en la tumba.
Silencio en tu descomposición de efebo. 
No es infinito el llanto         la exageración
nos ha cambiado.

La carne en el desierto de cal.
Gritas. No te haces fértil con piel con tierra. 
El crepúsculo          fríe                mis ojos.

La caída de un cuerpo quemado.
Aceite en el testamento.

Gritas en la exhumada noche
con tu corona de cuchillos en la mesa.

Tu padre ha cambiado los pañales
en el último momento.

El crepúsculo me ha hecho daño.
Estoy congelada                  en la clara del vacío. 
Comer vacío. Comer vacío.
Comer  no es         quemar comer es un no-morir. 

Me pones en tu testamento
el futuro                      de mi no-extinción
el renacimiento, el amor cortés y la vanguardia
en la edad del acero y de la vitrocerámica,
con el aceite que eché sin querer.


domingo, 16 de febrero de 2014

Las amapolas no son buenas para los niños

Me sirven en un plato mariposas aplastadas.
Los niños no soportan las tripas, pero juegan con ellas.
Mi saliva no es comparable con la carne de cerdo,
mi estómago no es un pétalo de amapola.
Cada día lo aprieto como si fuera invisible,
lo arrugo, lo pongo a hervir como un huevo cocido
y no me hace daño.
El daño de verdad es fingir una indigestión
cuando nos enamoramos en un parque
con arena y gusanos secos.
Las amapolas no son dañinas,
son encías sangrando.
Ingerimos pastillas de Almax,
después de devorar flores y cerdos invisibles.
Y vomitamos lo que el amor nos dio
desde un principio.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Nacer en la cocina

Mi nacimiento era limpio.
Mi nacimiento era de lejía.
El nacimiento de un ciervo
en la vena de la familia.
Mi cuerpo en la cena de la vida.
El ciervo va caminando 
hasta hacer trizas el horizonte.
No sé creer porque soy un animal
que desconoce el nacimiento 
del espacio y tiempo.
Me he tirado en la mesa de la cocina,
y he cogido el silencio 
de la luz de bajo consumo.
Me pregunta la muerte
teñida de cuerpos con interrogantes
de transparencia si ha conocido
a alguien que tiene boca, dientes, lengua,
garganta, esófago y estómago
y come silencios coagulados.
Mi cabeza se tira a la basura.
Ahora el nacimiento es transparente
como la destrucción.


viernes, 7 de febrero de 2014

El plagio de los cementerios

Hemos pasado de la transparencia 
al plagio de los cementerios.
He comprado un seguro para los muertos,
y un nicho para guardar todas mis bragas
que me recuerdan la tragedia
de ser un hilo descosido 
para los que quieren regresar.
Quiero construir un edificio
 de yogures  caducados
sobre un puñado de arena
sobre la inflamación de tu brazo
que huele a idealismo concentrado
en 650 mg de ibuprofeno.
Me he ensuciado de escamas
los párpados, 
y he dejado el maquillaje
en la cocina calcinada 
en donde los sacerdotes murieron
por sobredosis de viagra. 
Aquellos que no recuerdan
la médula del vacío
con una cicatriz de santa transcendencia 
y el erotismo drenado, 
olvidado en la carretera
 donde el agua se vende dentro
de un cuerpo,
donde la poesía es recordada
como una pierna humana
congelada en el frigorífico,
sufren  otra época existencial.
Ecos de mi desaparición.
Emergencias sintácticas de la naturaleza.
Mi cuerpo será otro plagio elemental del polvo
en cuanto toque  la primera letra póstuma
del viento.



miércoles, 5 de febrero de 2014

Nieve en junio

Lo nuestro era algo parecido a la nieve.
¿Te acuerdas de cuándo salté del columpio
me raspé las dos rodillas enteras?
Era algo parecido a la nieve
o a un agujero en tus pantalones,
dentro aprendí a amarte con una sola mano,
y a vivir con la sangre fuera de la piel.

sábado, 1 de febrero de 2014

Sobras de A Serbian Film

Terror pornográfico
como una máscara de lo podrido.
Metáfora de un Estado sumiso.
La niña no sabía
lo que es el porno, la política
y la economía caníbal.
No sabía si la muerte
 era un incesto a la infancia.

No nacemos siendo niños,
sino luz hacia lo desconocido
pero cuando lo desconocido entra
antes que la luz,
la muerte es finita,
y la hacemos placenta de nuestros miedos.

Sin saber lo que es el equilibrio.
Nos caemos tantas veces
que el equilibrio ya no es un grito a voces.
No es un mero océano rojo
que coge tu mente 
y la estrella contra tus intestinos.

La suciedad es un velo.
Dentro el arte pide auxilio
para tener un propio yo.

La infancia la perdemos
cuando no sabemos quiénes somos,
cuando la muerte nos roba ese yo,
cuando ese yo se transforma en un no-yo.

(No hago spoilers.  Son las sobras de mis reflexiones sobre  la película)