viernes, 31 de enero de 2014

Inspiración por una caña de chocolate

Glucosa en mi mente gramatical.
Bajadas de tensión en mi despedida
con el mundo de los ojos vendados
en el reinicio del portátil.
Leche y tila para mis mañanas
de conciencia nerviosa.
Vivo y me duele estar de fantasma
entre estómago y estómago. 
Parada en la imaginación
que se sujeta de pie.
Imaginación a la mínima.
Inspiración por una caña de chocolate.
Ánimo en masticar.
No sentir los dientes como devoran
el hojaldre, el  azúcar.
Hay que tragar 
para mantenerse de pie. 
Para sujetarme en una apatía de plástico,
derretido en un día.
Huele a quemado,
huelo a inseguridad y delirio. 
Huelo a realidad, a wifi desconectado
para creer en mis sueños 
sin cuartos de baño cerrados.
Huelo a realidad en un análisis de sangre.
Anemia en la palabra.
La apatía como un velo de una musa
perdida en un desierto de nieve.
Azul en mi estómago no curado.
Gauchos en mi costilla ya mordida.
Modernismo de Martí para respirar
en el crepúsculo.
Zumo de piña como sangre en mi cuerpo
mi sinestesia como estómago ajeno.
Lo busco. Después mi placenta
de poetas apócrifos. 

Poema como crónica de lo que me ha pasado hoy.


lunes, 27 de enero de 2014

Un purgatorio de mis alimentos o un purgatorio porno-alimenticio

Sinestesia aliméntame,
el paraíso no me guarda,
no espera que yo devore
tu pierna de cerdo
y tu otra pierna de dios.
Soy perra de mis santos alimentos,
en la cama eres el cachorro de agua.
Nadie me ha enseñado la costilla
entre tanta belleza vegetal
que anidaba el pescuezo del cisne.
Será porque me comí a mí misma en una naturaleza
fantasmal y podrida de una ciudad capitalista.
Me harán réplicas de mis cadáveres,
de barbies hinchables para los posteridad
en los videoclubs abiertos
después de una breve censura
porno-alimenticia.
Por lo pronto estaré en el purgatorio,
una montaña de huesos y verduras
respirando entre mis piernas
mal usadas por calentar a fuego lento
el celibato de soñar muerta.
La cima no existirá ni la montaña
de costillas calientes en el microondas.
En cambio, tú serás la sed, el aire
que llegó a ser dióxido en mi pecho,
la sangre y el orgasmo
de un nueva estrella polar
encontrada por el basurero
a quien llamé para recoger el purgatorio.

domingo, 26 de enero de 2014

Cerbero

Cerbero.
Monstruo de la soledad
o del hambre.
No me puedes elegir.
Mi corazón es un perro de tres cabezas.
Una de ellas
tiene las cejas mal depiladas,
no puedo ser a la vez guadaña y piel.
Las otras cabezas no sobran
me sirven para arrancarme los ojos,
para arrancar el cielo,
para masticar más de lo que soy.
No puedo con mi saliva,
con la soledad de mi estómago.
Me lamo las rodillas
y las aguas enjabonadas
hunden el silencio.
Mis uñas blandas,
mis dedos arrugados
son una muestra del tiempo
que no quiero ver
y existe.

sábado, 18 de enero de 2014

Noche sin estómago

He medido mi subconsciente
en litros de leche semidesnatada.
Es lo que pasa por confundir
el crepúsculo con tu estómago de semen.
Lo he congelado
para llevármelo a la misa de esta tarde.
Sé que era importante ese estómago
por ser un plagio del Santo Grial.
Aquí está tu viuda que echa de menos
la noche en que te limpiaste los dientes
con barro
porque te confundías
la limpieza con ser el nuevo hombre
de la humanidad,
un héroe apenas tragado por la tierra
recién abonada.
Porque la noche no tiene estómago
como yo creía 
porque primero está el ciervo
y después la piedra
y lo que queda es la nada
pero no es la nada
sino lo que entiendo
por un pulmón metido en otro pulmón...
Y ahora serás el verbo de esa noche
mientras exista yo como estómago
y no como recuerdo.

lunes, 13 de enero de 2014

Última voluntad.


Veo la luz en mi pelo,
la luz de la cocina pisando mi cara.

Te sorprendes de que sea yo,
la que se mira a través de un frigorífico
sin funcionar,
a través de unos labios morados,
esté a punto de arrancar
el pellejo de tus pies.

Te dolerán al andar.
No he querido guardarme
la intención de cegar algunas sombras
que querían masturbarte,
antes de dejarte solo en una esquina
imaginando moscas
donde no las hay,

apareándose sobre el blanco de las cenizas,
sobre la pared.

Arrancas mi pensamiento,
y la frente se mancha de rojo,
inunda tu cara,
flota tu última voluntad.

viernes, 10 de enero de 2014

Belleza de un estómago incomprendido

El ruido de tripas antes del amanecer. 
Antes de que todo sea una mosca
girándose a sí misma. 
No hago caso a mi estómago,
y me preocupa su silencio no su vacío.
Lo siento como un manicomio
de gases ausentes,
marginados,
con las puertas abiertas
a una oscuridad mal construida.
No sé lo que piensa cuando mastica
su sombra.  Una sombra de adentro.
Un estómago desnudo.
Un estómago cansado de limpiarse.
Cansado de depender de otros órganos
para ser siempre lo mismo.
La belleza de estar por debajo de un corazón
masoquista-consentido-bebé.
Le quitas la cáscara, después la clara y la yema
y queda el ojo que padece lectura automática. 
Desnuda está la sangre si no es la polisemia del hambre.
Este estómago se acepta después de buscar las noches 
ausentes de gargantas-nominales.
Quiere experiencia natural,
le digo que se repita,
que yo desconoceré la soledad 
de una lluvia de tripas antes de ser noche
en un plato desnudo.

lunes, 6 de enero de 2014

Tragedia pornográfica

Este poema pertenece al primer poemario que estoy corrigiendo, mutilando por un extremo y ampliando por otro. Puede que haga unos cambios, aquí lo dejo porque fue el origen de este blog. 

Tragedia pornográfica 

Nos metieron en bolsas de basura, rozando la felicidad.
Estábamos condenados a soñar como conejos.
Pudimos cegar al sol sin embargo a los muertos no.
Pregunté a los animales cómo era el amor, y me contestaron
que estaba lejos de mis manos y de las patas de una cama.
Pregunté cómo era morir, y me contestaron
que en el fondo lo sabían pero no podían decírmelo
porque no podría amarte con los mismos conejos de antes.

sábado, 4 de enero de 2014

¿Hablamos de crecer?

Todo por una tortilla liada.
Con la yema destrozada, el aceite caliente 
dejas que te queme en el pecho creyéndote
que eres un soldado de Troya
abatido, con el polvo en la boca 
apenas sin articular una palabra 
oyendo cómo arde tu ciudad. 
El grito pierde a cambio de ser una sombra, 
mientras esté apagado el fuego y la sartén olvidada.
La electricidad es otro cantar. 
Tiritas, pasta de dientes, agua
y el escuchar un  intento de homicidio en la televisión
son los modos para tranquilizarte.
¿Hemos hablado de crecer?
Hemos hablado de mis pechos
de las crisis de ansiedad de los vecinos
del incendio en una sex-shop
del  "porno-alimenticio"
de traficar con chicles o medicamentos.
Pero no hemos hablado de crecer.
Las quemaduras ya no eran como las de antes
ni las gargantas de los colibríes
ni los cartones de leche entera
ni los esparadrapos
ni la lejía detergente de color
ni los orinales
ni los cementerios.
No hemos hablado de crecer me recuerdas
y lo recuerdo
y es cuando esta "tragedia" tiene sentido.

miércoles, 1 de enero de 2014

Arañazos en mi mente por una gallina en un barreño azul

He arañado mi ombligo con una página.
Y con la esquina de mi habitación
araño tus mejillas al vacío.

Humedad. El vapor huye de mí.
Hay gallina desnucada en un barreño azul,
palabras sangrando que caminan por mis dedos.
Y me araño otra vez con la mitad de la cara de dios,
con el pescuezo de la gallina,
con el grito que amenaza por construir
algunas costillas nuevas sobre mi cuerpo.

Tú no estarás ahí,
viéndome como quito las plumas
con agua caliente
viéndome como quemo mi muslo
con una cerilla que acabo de encender
mientras dejaba el gas abierto.

El silencio tiembla al pasado,
tiemblan mis uñas con las cuales he despedazado
la carne y la página de distinto modo
que a  las  clavículas que nacían detrás de tus ojos.

Dime qué no ha sido en vano
la cera en mi pecho,
un pozo en el que acabo meter
aves rapaces en su último vuelo.

Dime qué alas
han llevado a mis pies
a meter tu cabeza dentro de este barreño azul,
y que ahora es un trozo de cristal
en mi lengua,
brillando así el silencio de todos.