jueves, 4 de diciembre de 2014

Un himno de nuestros cuerpos

Cantaste un himno que hablaba de la caída de nuestros cuerpos
en un vertedero de torres de marfil.
Cantaste un himno para mis venas quemadas de insomnio.
Cantaste un himno sobre los árboles que nacían de tu vientre.
El corazón me palpitaba y no sabía si comer mi garganta antes
que el propio latido de la excitación.
Después del canto, te intentaste quemar en la bañera
con el agua de diamantes.
Cogiste una estampa de un santo
y te preguntabas si eras como él con el corazón construido de mierda.
Después me mirabas y me decías que mis ojos eran de harina.
Me decías que mis labios estaban limados por una lija verde
pero que mi corazón igual que el tuyo eran plátanos podridos
para aquellos gatos que tenían hambre sobre sí mismos.
Me decías que soñabas que en mi vagina había un cuento de hadas
en que ellas se suicidaban en un huracán de ortigas.
Me decías que soñabas con la virgen que te ahogaba en esta bañera.
Me decías que  la virgen  tenía un pecho carcomido de hormigas.
Me decías que la virgen taladraba tu cuerpo y purificaba la sangre con alcohol de romero.
Me decías que te purificaba la sangre con tu esperma azul cristalizado.
Y que tu esperma se traficaba entre los doce apóstoles.
Me decías que  tenía el vientre abultado de poemas.
Me decías que cosía el espejo a su estómago con sus lágrimas de cirios. 
En ese sueño yo te besaba como la tristeza
y me susurrabas a mis ojos que nuestro amor era una paradoja casi sobrenatural.
Después de contarme el sueño en la bañera,
te pusiste a cantar la sangre que tenía en las manos.
Ardía y yo no te ayudaba a salvarte.
En vez de salvarte me ponía a violarme en un ataque de histeria.
Me violé hasta que mis lágrimas no tenían ni significado ni significante
ni podían caer en la huida de mi cuerpo con la realidad.
La sangre ardía en mi vientre cicatrizado.
La sangre ardía en mis ojos y en mi boca como un símbolo perdido.
Nada dolía en esta garganta anestesiada por las siete mariposas de la vida.
Nada dolía en este poema abultado de estómagos.
Cantaste un himno sobre golondrinas que se hablaban entre ellas para comunicarse con la soledad.
Cantaste un himno poético sobre la muerte de la historia.
Cantaste un himno sobre esa virgen que te castró mentalmente.
Me cantaste un himno sobre mi muerte.
Me cantaste un himno sobre mis lágrimas de lejía.
Me cantaste un himno sobre el fuego con el que alimento a los gusanos
sobre los ojos de mi madre esperpénticos de realidad española
sobre el deseo de no ser
sobre el ser del deseo
sobre el deseo de no querer ser siendo la vida dentro de una amapola
sobre la poesía que libera  el impulso sexual
sobre la eyaculación que se derrama  sobre el poema
sobre la locura en las calles ardientes de cicatrices
sobre la voz del poeta
sobre la garganta que se descose en mis labios
sobre la garganta que no me perdona ser humana
sobre mi estómago que se araña a sí mismo
sobre la sangre que cantan tus manos sobre mi pecho
sobre la sangre que no respiro
sobre la sangre que no perdonamos
sobre el poema que eyaculamos de noche y de día
sobre el cigoto de la metaliteratura
sobre la metalingüística de nuestro silencio.
Cantaste un himno sobre tus manos vacías de oxígeno,
con el cual no nos pudimos perdonar la vida.

4 comentarios:

  1. Me gusta verte agonizar, naufragar, despedazarte en tus letras. Golpeas tu carbón hasta hacer fuegos o diamantes ... te deseo más dolor, más arte patita.

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  2. Es bueno descubrirte en invierno, tu poesía es invierno, tu poesía es diciembre... un regalo para mi.

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  3. Vos lees mucho wow, eso explica bque sos tremenda artista...

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