viernes, 21 de noviembre de 2014

La falsa inocencia de nuestros estómagos

Nuestros estómagos son         anillos de carne o de yodo
nuestros estómagos son continentes podridos de luz

el vacío de esta habitación es un estómago que piensa en  nuestros cuerpos
piensa que son árboles
u ojos en una garganta cerrada de carne

y es que no queremos ser bellos ni pálidos ni mutilados sobre este colchón azul

se oye el viento ladrar en nuestras tráqueas tímidas de amapolas
porque nos quieren enterrar en ataúdes de nitrógeno y fuego

los insectos huyen hacia sus cuerpos de diamante para no sentir la realidad
la realidad es una colmena de estómagos
de malas arterias que se cosen solas
de malas arterias que transportan larvas de un árbol caído

y es que  queremos ser niños que vomitan aceite ardiendo a los padres de la hipocresía

y es que queremos ser niños que vomitan ramos de orquídeas blancas a nuestros padres del silencio

no queremos ser niños crucificados en la retórica o en la política rancia de nuestros hermanos rotos de libertad

la inocencia nos mata
la inocencia de nuestros ojos-bisturí araña y extirpa el corazón de la pobreza
la inocencia de nuestra gramática está perdida en un bosque de huesos relamidos por la histeria de ser siempre los mismos que llegan tarde a la muerte
la inocencia nos asfixia con collares de lejía
la inocencia nos entristece porque no somos jaulas de vidrio
la inocencia de nuestros estómagos nos duele
nos duele mucho porque la muerte se raspa para no tocarnos
la inocencia  no es un hueso ni es una bomba de sangre
la inocencia no es inocencia en una tumba de flores

nuestros estómagos nunca fueron inocentes
nuestros estómagos no se quemaron 
nuestros estómagos no se quemaron
porque no podían destruir una ciudad en un vaso de tristeza
nuestros estómagos son trágicos en la danza de la nostalgia
nuestros estómagos son poemas que no sostiene la noche
nuestros estómagos bailan y se marchitan en lágrimas de cloro

no queremos ser niños en una ciudad de odio
no queremos llevar nuestros estómagos a una ciudad de guerra
no queremos llevar banderas de colores que son contenedores de basura orgánica

el hombre no nació siendo respuesta
como tampoco el animal  nació siendo un mar en cenizas

Llevamos párpados amargos
libros que queman las pestañas de la noche
queman para no tener más hambre
la sangre no puede renacer más entre las cenizas
llueve el humano descompuesto
el jabalí muerde la rosa inyectada de enfermedad
la enfermedad se llena de amapolas azules
y la enfermedad se vacía de sí misma
para ser locura y después generación.
En los ojos de mi vagina que mordiste
la guerra perdió su estómago de leche
y tres mil años de oscuridad absoluta. 

Nuestros gatos arañan nuestros estómagos
porque  para explicar la crueldad ya no sirve
la teoría de la inocencia de los estómagos
aplicada a los niños que crecieron sabiendo
que eran  preguntas cuyas respuestas
apuñalaron la ilusión por un mundo nuevo.



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