jueves, 13 de noviembre de 2014

Gargantas desnudas en una bañera

Las moscas  nos venden el fuego de un dios monosilábico que todavía no ha nacido. 
Las moscas nos besan para contaminar el aire de incestos.
Las moscas nos prometieron la libertad antes que el mundo fuera destruido
por uno de nosotros.
Las moscas no saben que fuimos cortados por el mismo cuchillo de cocina
que perdió nuestra madre cuando se fue por un bosque de costuras sucias. 
Nos abandonó en una bañera para que fuéramos los padres del vacío.
Tuvimos tanto miedo de nuestros ojos que nos arañamos la cara con las uñas postizas de nuestra madre.
Tuvimos tanto miedo del espejo que esparcimos nuestros glóbulos al agua.
Tuvimos tanto miedo de reconocer la verdad que hicimos que los poemas fuesen
bisturís con cada uno de nuestros órganos blandos. 
Nadie nos quería cuando intentamos alimentarnos de los árboles menos podridos del otoño
cuando intentamos dibujar la sombra de una cigarra hambrienta de ojos y de estrellas.
A mí no me quería porque el verbo me rasuró tanto que la herida fue mi cuerpo. 
A ti no te quería porque apuñalaste el árbol de carne más disecado de su vida. 
¿Por qué se fue? Y dónde está ese bosque que nunca quiso dibujarnos en nuestros omoplatos?
Puede que a ti la imaginación te da miedo porque allí eres cruel conmigo
porque allí puedes matar a la madre sin rostro.
Puede que a mí la muerte no me inspire asco.
O puede que tus vísceras me den asco sobre mis ojos. 
Miedo o asco. Nuestra madre nos enseñó que las palabras pueden ser asquerosas o pueden darnos miedo. 
Nuestra madre se enamoró de su hermano, pero también se enamoró de un árbol enfermo de ojos amarillos. A su hermano nunca lo hemos conocido aquí,
solo en nuestra mente separada de las losas inyectadas de blanco, 
que están calientes porque dibujó antes de irse un sol con  un cuerpo de niña mutilada.
Hemos visto cómo se caían nuestras pestañas sin decir algo que valiese la pena llorar o morir. 
Hemos visto que los bichos que nacían de nuestros ojos se comunicaban más con el silencio que con nosotros.
Y a pesar de ello, quiero lamer tus ojos para saber si estoy naciendo de nuevo,
para saber si tengo jaulas de cenizas para alguna vez andar caminos de guerra .
Y es que nuestra madre puede que se fuera para buscar a su amante  y así saber lo que es la vida en un vientre de cuellos y metáforas merecidas por el significado de existencia literaria.




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