viernes, 14 de noviembre de 2014

Follarnos la realidad es el arte de deconstruir nuestra tragedia

Prostituí tanto mis huesos que los pájaros se suicidaron para deconstruir mis vísceras.
Prostituí tanto mis manos que los pájaros se atragantaron comiendo los alambres de la vida.
Quemé tu cama con gasolina, y el dinero que guardabas para pagar tu viaje hacia la muerte.
Había preguntado a tu madre  cómo debía matarte.
Había preguntado a tu madre pura de gramática cómo debía colgar tus intestinos a mi cuello.
Había preguntado a tu madre por qué fuiste el espíritu cruel de mis pulmones y mi corazón.
El león te conocía bien, te perseguía hasta el mar, te lamía la espalda cuando no podías
derramar lágrimas de oxígeno. 
Nunca te valoraste como el antihéroe de una isla de cicatrices.
El león dormía contigo porque no sabías dormir con los ojos cerrados.
El león  dormía contigo porque tus ojos querían encontrar la costura de incienso,
que descosió tu madre para que volvieras a vivir. 
Cuando tú y yo ardimos en un bosque de lunas que se masturbaban en un vaso,
nunca pensamos en reinterpretar el odio que estaba dormido sobre nuestras clavículas.
Ese odio que me hizo amarte en anillos de ceniza es el mismo odio que te provocó vender tu realidad a la realidad.  
Te excitaba cuando intentaba abrirte los ojos con la lengua.
Y ardías cuando dibujaba en tu boca la dialectología de nuestros órganos.
Y ardías cuando fumabas el dinero que te regaló tu padre que quiso ser un dios de un mar con cristales y sueños.
Y ardías cuando tu excitación se transformó en una náusea de nieve.
Pero llegué a un momento en que quise rociarte el semen de los dioses muertos a tu cara para que dejases de llorar porque íbamos a morir sin haber visto la basílica de la cruel belleza.
Pero llegué a un momento en que quise enterrarte junto a mi gata porque yo te quería como un animal con alma y un dios sin todo. 
Cuando quemé tu cama, recordé que sobre ese colchón éramos ideas del sol. 
Cuando quemé tu cama, recordé que éramos poetas de la penitencia que follábamos en un país esquelético de sangre.
Ahora estoy aquí desnuda, queriendo follarte, con las estrellas que destriparán los intestinos de los políticos de barro.
Y ahora estoy aquí desnuda, pensando que cuando estemos muertos, traduciremos a los poetas tristes como los leones que ladrarán costuras de incienso. 

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