jueves, 6 de noviembre de 2014

En mi vagina guardo las banderas que quemó el amor


En mi vagina guardo las banderas que quemó el amor.
En mi vagina guardo el poema nocturno que ardió en los ojos del tigre.
En mi vagina llevo una niña que se suicidó en un rosal,
llevo una niña que cogió una escopeta y disparó a las princesas del viento.
El árbol gris quiere morder la vena más dulce de los peces de agua dulce.
El árbol gris quiere violarme para escuchar el latido de un gorrión.
Y es que mis lágrimas caen en una antología de horizontes masturbados
por la boca de un colibrí de cemento.
Y es que mi vientre sólo sabe llorar continentes de sangre.
Y es que mis manos sabían apagar el fuego antes que la sed.
Y es que las amapolas conocían el mundo mejor que yo. 
Y es que  sabías escribirte romances trágicos en tu garganta de sirena.
Pero no sabías ser un instrumento de una idea romántica
ni sabías  morder mis pechos de cristal 
ni arrancar mi pubis de las alas de una cigarra.
Por eso los pájaros se masturban hasta que dibujan
coronas para aquellos que solo ven muertos en las estrellas.
Por eso ensucio mis pulmones de verde
por eso dibujo también coronas de luz para aquellos que solo ven playas
de niñas ahogadas en mi boca.
Por eso te vomito montañas de lejía sobre tus piernas. 
Porque nunca supe ser la hija de un padre de tres ojos.
Pero sí supe ser la hija del espejo
y  la hija de mí misma.




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