martes, 21 de octubre de 2014

Tragedia sentimental

¿Dónde están los guantes para limpiar esta sangre
que sale de mi pecho?
Mis pulmones no pudieron medir la tragedia
en un cubo de basura, puro de atrocidades
humanas.
La noche no pudo reconocer su delito
porque los niños sabían matar antes que sus padres.
Eres mi marido. Recoges mis transfusiones de óxido
para regar las flores que descansan en la tumba de mis bisabuelos.
¿Pero dónde está la esponja para limpiarte la sangre
que sale de tu vientre?
Tu vientre no pudo soportar la caída
de mis  órganos democráticos de esta realidad.
Podrías haber fingido que sentías al menos vergüenza
cuando yo quise destruirte en una reacción de despecho,
pero estamos aquí en la ducha
manchándonos con este líquido que no huele a nada.
Nunca nos entendimos como hijos de la tragedia.
Fuimos malos hijos de la destrucción.
Nos prostituimos para conocer el origen de la tristeza.
Nos prostituimos porque nos decepcionamos
de los sentimientos  más transcendentales de la vida.
Nos prostituimos porque el matrimonio
nos hizo tanto daño que nuestros intestinos
estaban para tirarlos
a un contenedor de reciclaje.
Nos fumamos el seguro de vida que tú mismo pagaste para mí.
Nos fumamos el dinero que nos hizo ser hijos mayores de la libertad.
Ahora te sientes muy sucio porque no sientes tu corazón
entre mis piernas, después de haberme matado supuestamente.
No te preocupes, haremos de esta tragedia una fantasía sexual,
y querrás enterrarme para siempre,
o no.



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