viernes, 5 de septiembre de 2014

Billetes que queman estómagos o amor


Puedes sentirte honesto contigo mismo
quemando tu ropa de adolescente.
Anoche te encontré en un banco tirado inconsciente
con una pistola sobre tu vientre, 
y una paloma te estaba sacando de tus bolsillos
y de las tripas de los banqueros algún billete
diamante o el corazón de una vaca que vomitaste
sobre el pecho de mi padre.
Y ahora estás quemando tu ropa
y me dices que me vaya a ver el final del mundo
que está cerca porque el miedo no existe ni tampoco la sociedad.
Ahora me dices que traficas oxígeno para un jardín botánico.
¿Acaso no piensas que no estoy enamorada de tu anatomía
interna sentimental que- no -se- vende- ni- se- compra?
La felicidad abstracta se va a ratos de nuestros cuerpos
mutilados por un seguro de vida/muerte/frontera/corazón
mientras el alma existe en una ciudad de caníbales.
Me hablas de las vanguardias con las que masturbamos
el corazón de un drogadicto sincero con la realidad.
Me dices que no soy sincera con el mundo real.
Yo te digo que tu silencio no es sincero con tu cuerpo.
Me dices que antenoche viste como del cielo caían billetes ardiendo
y que corroían la piel de nuestros vecinos silentes
las tumbas de los héroes que limpiaron nuestro pan
para comerlo con seguridad y armonía.
Me llevaste a un anfiteatro donde había cráneos
donde había caballos que lamían los cráneos para no sentirse solos,
donde los actores descansaban de sus máscaras,
donde las máscaras estaban guardadas para los banqueros del mañana.
Te sientes frustrado por no tatuarte el dólar en tu lengua
o en tu máscara de hierro.
Imaginas que estamos bailando desnudos
mientras el mundo se queda absorto mirando cómo la oscuridad
entra en las puertas de sus dormitorios y la cama sin actores porno
sin actores que interpreten la felicidad.
Falta que ases tus órganos vitales como aquellos mártires
pintados en esa etapa oscura de la Edad Media
se ven esos Cristos estáticos serios esa mirada de jueces que te llevan
a una silla eléctrica o la cadena perpetua.
Te quiero porque mi vientre así te siente, me susurras.
Y la ropa se quema y las hormigas te esperan
para ver cómo comes sus monedas.


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