martes, 19 de agosto de 2014

La simetría del frío

Nadie me dijo que al nacer odiaría tanto el lenguaje
como soñar que la ventana tendría mi cara
mi sangre y el amor de hacer tu cuerpo
cenizas pastillas jaulas ciervos avispas
un museo nublado de vientres ajenos.
Me sacaron al nacer el color orina el color lágrima el color inocencia.
Mis pulmones todavía prematuros arañan el color enfermedad
y tu amor de tatuarme espejos donde la niña confunde
los peces con los ángeles de la guarda.
Nadie me dijo que era una traducción del frío
nadie me enseñó el cadáver que había en los ojos de la amapola.
Podrías tatuarme costras o cicatrices 
que mienten sobre el tiempo.
Podrías tatuarme máscaras en donde no sabemos
ser actores de las heridas.
Yo podría hacer de tu vientre
un cementerio de tiburones vivos.
Yo podría depurar lo que derramas sobre la noche
depurar la contemplación de la noche.
El ojo derramó la pregunta que duele
calentó la mano que duerme en el espejo.
Nadie me dijo que era una traducción de un espejo.
Repetí tanto el color de mi huida que el cadáver
estaba caliente en los ojos de la amapola.
Podrías tatuarme rostros ciegos de lluvia ácida,
están mudos ya que intentan
encontrar  la simetría del frío.






1 comentario:

  1. Hola, Patricia, leí algunos textos, realmente me parecen creativos y muy bien escrito, lo que no es común en este universo bloguero.
    Un fuerte abrazo.
    HD

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