martes, 29 de julio de 2014

Sueños leprosos (III)

¿Dónde nace el espejo?
¿Dónde acaba la simetría del dolor?
Oigo un coro de avispas ahogadas
mientras rasuran las retinas blancas de un león mis ingles.
Lisa mis quemaduras.
Lisa mi vientre con sus uñas de eunuco.
El león lila vomita mi vagina
mientras me ahogo en un campo de arañas y pulpos de agua.
El león lila muerde la ciudad del insomnio.
Los amantes bajan de una barca de nieve.
Viajo con mi estómago en la mano mientras el león lila se masturba en el espejo.
Los amantes me quieren en una batidora de cristal.
No saben que mi vientre se incendia con aceite de girasol.
El león lila quiere ser un gusano de fuego en mi clítoris.
Y la noche se flagela con la piedra que aplastó la vena sincera de una flor.
La noche no flagela el silencio del árbol desollado por el color
mientras construyo una catedral de amapolas.
Los amantes bailan en la simetría del orgasmo.
El león lila nada en un campo de medusas asadas
 donde el amanecer carnicero despedaza a los pederastas.
Veo el león lila lamer la sangre seca de las moscas.
Viscosa soledad de mi vientre.
Me recita la generación de los sueños leprosos.
Me lleva a un tren donde lloro en la boca de un maniquí decapitado.
¿Dónde está el sordo movimiento donde nací?
El león lila me consuela en la tumba de mis huesos tristes.
El león lila arde en un laberinto de droga.
Bebo el río Leteo y me comen las gaviotas por ser una sirena
vestida de niña ahorcada.
Bebe la sinceridad de África
la sinceridad de un jardín de heridas que hablan como montañas.
Uno de los dos tiene que morir amando los verbos.
Se transforma en una pistola o un bisturí o en el aullido de mis pulmones.
Construyo una catedral de hadas que sangran temblando
el nacimiento de un sueño.

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