viernes, 20 de junio de 2014

Comer más allá de la muerte

El comer no me satisface tanto
como el desconocer el sexo de la muerte.
El comer no me satisface
si estoy escribiendo cómo es la luz
hasta quemar la vena del aire.
El comer no me satisface
si desnudas mi cuerpo en una bañera
con vinagre
para que la herida escueza
como la vida que se nos cruza para coger
manos vacías entre la basura.
El comer es calentar el vómito de la vida.
Tu percepción de gusto
ha cambiado
al saborear el seno de un santo
que escribía letras que torturaban
distorsionaban la imaginación
de una infancia.
Ahora lames el sexo de una piedra.
Y te sabe igual a quedarte ciego en una
pantalla blanca
a la espera de que dios baje
y te comuniques con él por el intercambio
de fluidos.
No soportaría que los gusanos que salieran
de su falo se los comieran los pájaros
porque dibujarían el vómito de lo absoluto
sobre mis retinas.
El comer es un himno que me deja el vientre
seco de amor hipocondríaco
seco de amantes históricos
seco de pastillas para la menstruación
seco de agua y de otras drogas
seco de sadomasoquismo emocional
que altera mi sistema nervioso
hasta querer  amputarme una mano
y con la otra rasurar tus piernas
y hacerlas sangrar
hasta la pantalla del ordenador de dios
se apague.

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