sábado, 14 de junio de 2014

Amantes hipocondríacos

Mis amantes hipocondríacos
están metidos en bolsas de basura
de color verde.

Pronto estarán en el vertedero
haciendo trasplantes de órganos
con otros amantes expulsados de la nada,
de las ruinas de una antigua Roma,
con otros órganos de muñecos hinchables,
quemados con aceite de girasol.

Sí, eran mis amantes que se depilaban
sus estómagos,
los desinfectaban
y los llenaban de pastillas de Nolotil
y de Valium,
de termómetros digitales,
de zumo de naranja exprimido
de mi pecho.

Cuando estaban en la cama,
se limpiaban con alcohol, se echaban
crema para las quemaduras de aceite,
me masturbaban con guantes de látex.
Vomitaban en sus pechos
la manzanilla de sus estómagos.

Se castigaban con látigos de luz,
me escribían poemas en las mejillas,
cuando despertaba,
me llenaban las manos
de compresas.
Se creían que tenían irritaciones
en sus genitales.
Yo sangraba.

Comían el plástico de mis ojos
mientras el orgasmo
les arrancaba los párpados.
Después sus ombligos echaban semen
y sus falos se quedaban famélicos
de sistemas solares.
Sangraban ojos
y los ciervos se comían
sus estómagos
para no verse en bolsas
de basura de color verde.

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