miércoles, 4 de junio de 2014

Amantes ahogados

El mar nos masturba hasta deshidratarnos de sal
hasta que una gota salada golpee nuestro cerebro
alambrado de hebras de oro y sangre.
Nuestros fluidos bañarán a los peces
y se intoxicarán hasta dejar raspas
en nuestras costillas.
Seremos amantes metidos
en una olla con agua hirviendo
con el corazón blanco limpio de marcas
de cicatrices de color ámbar
de balas de cazadores huérfanos
de una madre loba.
Seremos amantes con el alquitrán
quemando los ojos de nuestros hijos
aún nacidos en mi útero de agua lunar.
Seremos cráneos olvidados puestos en las camas de satén
de los actores porno muertos en 2030.
Los niños conocerán el porno como una joya obsoleta
dejada en las ruinas de Pompeya.
Estaremos embalsamados
con alguna carne colgando de nuestras piernas
en las habitaciones de arte Recocó
en cámaras de vidrio para orgías parecidas
al Relato Soñado.
Estaremos inseguros incluso muertos
abandonados unidos en nuestros sexos en el asfalto caliente
con nuestras vísceras en las manos de un santo benévolo.
Tu ilusión hubiera sido en las manos de Platón o de Aristóteles.
Nos contentaremos con que el mar nos masturbe
hasta dejar nuestras gargantas golpeadas por raspas
de peces devorados por los tiburones.


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