sábado, 17 de mayo de 2014

Sueños leprosos (II)

Un congelador de relámpagos de leche,
un congelador de estómagos quemados
en un sueño en que no podría saber
si mi cara estaba arañada
por una página de un cuento sadomasoquista.
Eran tesoros  después de ver la tierra sucia de dinero,
de larvas de insectos y lágrimas de plutonio.
No sabía si tu cuerpo descuartizado
estaba ahí o tus órganos estaban esparcidos
por las sábanas de agua caliente.
Lo que encontré en ellos fue un corazón de vaca
y tu foto de Cristo manchado de grasa.
Vomité sobre tu pecho hormigas,
antes que tu cuerpo fuera arrojado a un matadero.
El asco no me venía abstracto.
Vomité sobre tu pecho de niño,
tus flujos, mis hemorragias de una operación,
mientras lobos estaban apareándose en la nieve.
Vomité el azúcar en ese sueño manchado de lava,
detergente y caducados preservativos.
En verdad me arañé la cara con la piedra de luna,
y tu falo fue herido por la luz del diamante
en ese sueño en que no sabía si mis pechos
eran mordidos por perros solares.
Lo que encontré fue una sombra masturbada
descansando para después mancharse de oro
y dejar mi cuerpo a la nada devorada
por una mariposa caníbal.


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