sábado, 5 de abril de 2014

Isla de sal

He tirado los peces quemados 
la basura que puede sonar 
poesía masoquista
en mis dedos del futuro.

He tirado mis medias
que te sirvieron de horca 
después  que las paredes se mancharan
de humo y manchas negras
después que soñaras
cómo masturbabas 
a los árboles quemados.

He tirado tu cuerpo de plástico
por un acantilado 
que me enseñaste cuando
la isla olió a gasolina,
a santos devorando cerdo,
a sueños apocalípticos.

Lo he tirado 
cuando la isla llenaba de sal
el corte central de mi barriga,
vomitando cerdos de barro,
vomitando óxido
y bosques famélicos de colores.

He llegado a un punto
en que no distingo la sangre del agua,
en que no distinguí tu cuerpo
de la basura, del pez, 
de un suicida que masturbó
a un árbol carbonizado.

Ahora un tiburón me lleva
desnuda a la placenta de la noche 
que huele a nada.




2 comentarios:

  1. Bienvenidas sean las tragedias pornográficas, si están escritas en forma de verso. Es un placer leerte, ¡saludos!

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