viernes, 7 de febrero de 2014

El plagio de los cementerios

Hemos pasado de la transparencia 
al plagio de los cementerios.
He comprado un seguro para los muertos,
y un nicho para guardar todas mis bragas
que me recuerdan la tragedia
de ser un hilo descosido 
para los que quieren regresar.
Quiero construir un edificio
 de yogures  caducados
sobre un puñado de arena
sobre la inflamación de tu brazo
que huele a idealismo concentrado
en 650 mg de ibuprofeno.
Me he ensuciado de escamas
los párpados, 
y he dejado el maquillaje
en la cocina calcinada 
en donde los sacerdotes murieron
por sobredosis de viagra. 
Aquellos que no recuerdan
la médula del vacío
con una cicatriz de santa transcendencia 
y el erotismo drenado, 
olvidado en la carretera
 donde el agua se vende dentro
de un cuerpo,
donde la poesía es recordada
como una pierna humana
congelada en el frigorífico,
sufren  otra época existencial.
Ecos de mi desaparición.
Emergencias sintácticas de la naturaleza.
Mi cuerpo será otro plagio elemental del polvo
en cuanto toque  la primera letra póstuma
del viento.



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