lunes, 27 de enero de 2014

Un purgatorio de mis alimentos o un purgatorio porno-alimenticio

Sinestesia aliméntame,
el paraíso no me guarda,
no espera que yo devore
tu pierna de cerdo
y tu otra pierna de dios.
Soy perra de mis santos alimentos,
en la cama eres el cachorro de agua.
Nadie me ha enseñado la costilla
entre tanta belleza vegetal
que anidaba el pescuezo del cisne.
Será porque me comí a mí misma en una naturaleza
fantasmal y podrida de una ciudad capitalista.
Me harán réplicas de mis cadáveres,
de barbies hinchables para los posteridad
en los videoclubs abiertos
después de una breve censura
porno-alimenticia.
Por lo pronto estaré en el purgatorio,
una montaña de huesos y verduras
respirando entre mis piernas
mal usadas por calentar a fuego lento
el celibato de soñar muerta.
La cima no existirá ni la montaña
de costillas calientes en el microondas.
En cambio, tú serás la sed, el aire
que llegó a ser dióxido en mi pecho,
la sangre y el orgasmo
de un nueva estrella polar
encontrada por el basurero
a quien llamé para recoger el purgatorio.

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