viernes, 10 de enero de 2014

Belleza de un estómago incomprendido

El ruido de tripas antes del amanecer. 
Antes de que todo sea una mosca
girándose a sí misma. 
No hago caso a mi estómago,
y me preocupa su silencio no su vacío.
Lo siento como un manicomio
de gases ausentes,
marginados,
con las puertas abiertas
a una oscuridad mal construida.
No sé lo que piensa cuando mastica
su sombra.  Una sombra de adentro.
Un estómago desnudo.
Un estómago cansado de limpiarse.
Cansado de depender de otros órganos
para ser siempre lo mismo.
La belleza de estar por debajo de un corazón
masoquista-consentido-bebé.
Le quitas la cáscara, después la clara y la yema
y queda el ojo que padece lectura automática. 
Desnuda está la sangre si no es la polisemia del hambre.
Este estómago se acepta después de buscar las noches 
ausentes de gargantas-nominales.
Quiere experiencia natural,
le digo que se repita,
que yo desconoceré la soledad 
de una lluvia de tripas antes de ser noche
en un plato desnudo.

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