domingo, 27 de octubre de 2013

La hora en que nos comemos

Dios me ayudó a poner los ojos
debajo de la mesa,
rebocé mi cuerpo
y ahora lloro por tu cadáver,
y tú lloras porque abro la ventana
para que el viento se desnude para mí.
Me dejas el testamento
para que escriba manzanas infladas,
a punto de explotar,
para que mi vientre lo único que pueda hacer
sea rezar, ver mis rodillas caídas
porque el cielo se coge con los dedos pringados
de huevo.
Con el leve humo del aceite elevándose
sobre mi cabeza,
ha llegado la hora de creer,
ha llegado la hora de comer
y pedir que dios sea una manzana
para que comamos de ella,
aunque te cubra
de espejos en este instante. 

domingo, 20 de octubre de 2013

Palabras cocidas

La palabra blanca,
cocida, pelada.

El agua hierve
y el punto se pega a mí.

La sombra aprende a beber
de mis rodillas.

Es pequeña en un vaso de agua,
cuando la pregunta se hace más grande,
cuando no me puedo cocinar.

La palabra se despega de mí
y el silencio aprende a ser silencio

cuando me estoy haciendo daño
para no llorar más
el hueso,

cuando ya no puedo raspar
mis rodillas con los dientes

cuando la noche aprende

a esconderse de mí.

domingo, 13 de octubre de 2013

No para siempre

La amistad de siempre
se rompió cuando devoraste mis uñas

cuando devoraste al chico
que sabía ahogarse en la piscina,
que sabía pedirme perdón
cuando no le quedaban más lágrimas
que le escocían de verdad,

cuando a mí me escocían
sin necesidad de coger un cuchillo
y de trocear cebollas,
sin necesidad de trocear la luz.

Lo devoraste dejando sus piernas
encima de la mesa.

Las recuerdo escayoladas,
sepultadas en la tierra,
con puntos,
hinchadas por alguna picadura de avispa,
recién operadas.

Lo devoraste sin dejar una gota
de sangre en la pared.
Eso me molestó
eso dejó mi corazón hecho trizas.

En verdad la soledad no es para tanto,
pero lo devoraste cuando estaba a punto
de preguntarme si después de violarme
quería echarle aceite ardiendo.

Y ahora está en mi cocina
con la cara de un bebé sollozando.

¿Cómo me pedirá perdón?

Si el final también nos devora abajo
y nos chupa el dedo índice
porque nos pinchamos
creyendo que una lágrima era como las demás.

No es sana la cura
ni es bonito ver al chico que me quería
con el pulmón derecho que le quedaba,
en la basura, mientras tomo un yogur,
con los rayos de sol dándome los buenos días.

domingo, 6 de octubre de 2013

Hidratación

Hay distintos tamaños de cuchillos
como cabezas dentro de una enfermedad.

Veo las zanahorias cortadas,
y me pregunto cuándo he de trocear el silencio
en partes iguales.

Quiero recordar que mañana cumplen mis manos
y mis lunares me dicen que envejeceré
con dedos de virgen.

Me levantaré con los pies retorcidos,
con la cabeza a punto de ser desnucada
con la mirada al cielo blanco de escayola
buscando almas a las polillas.

Conozco el fondo de mi garganta
que necesita un puñado de sal
para estas grietas:

tiritas azules,
glóbulos rajados,
glóbulos en una cazuela,
con leche para alimentarme en una caja sin zapatos.

Leche para recordarme que el techo blanco
se queda arriba,
y que podría ser un globo algún día.