domingo, 13 de octubre de 2013

No para siempre

La amistad de siempre
se rompió cuando devoraste mis uñas

cuando devoraste al chico
que sabía ahogarse en la piscina,
que sabía pedirme perdón
cuando no le quedaban más lágrimas
que le escocían de verdad,

cuando a mí me escocían
sin necesidad de coger un cuchillo
y de trocear cebollas,
sin necesidad de trocear la luz.

Lo devoraste dejando sus piernas
encima de la mesa.

Las recuerdo escayoladas,
sepultadas en la tierra,
con puntos,
hinchadas por alguna picadura de avispa,
recién operadas.

Lo devoraste sin dejar una gota
de sangre en la pared.
Eso me molestó
eso dejó mi corazón hecho trizas.

En verdad la soledad no es para tanto,
pero lo devoraste cuando estaba a punto
de preguntarme si después de violarme
quería echarle aceite ardiendo.

Y ahora está en mi cocina
con la cara de un bebé sollozando.

¿Cómo me pedirá perdón?

Si el final también nos devora abajo
y nos chupa el dedo índice
porque nos pinchamos
creyendo que una lágrima era como las demás.

No es sana la cura
ni es bonito ver al chico que me quería
con el pulmón derecho que le quedaba,
en la basura, mientras tomo un yogur,
con los rayos de sol dándome los buenos días.

No hay comentarios:

Publicar un comentario