domingo, 30 de septiembre de 2018

La herida de papá

Vuelvo a este espacio blanco. Vuelvo a donde la herida se abre. La escritura es otra, más disciplinada, más neutra. Una novela quiere salir de la cabeza pero es solo una línea, una pestaña, ojo en vigilia, mientras la tesis está menos agujereada, intento que sea un camino que se ramifique en árbol. Este verano ha sido un golpe de realidad. Una fecha se ha tatuado para siempre en mi cabeza. Las paredes ya no son las mismas, ya no protegen. El cuerpo ya no es un envoltorio. El cuerpo de mi padre ha sido abierto. El labio ha sido cosido, pero no del todo. La espera ha sido cicatrizarnos. Lo ha limpiado. No sabemos cuándo despertará sobre la arena el cangrejo. Ya mañana es octubre y todavía hay luz.


domingo, 28 de enero de 2018

Intento 1


Escribo y me preguntas de qué color es la huida
de qué color es la tierra después de que la cubriéramos con fuego.

Si fue en aquella noche en que no pudimos
guardar los dientes en nuestras manos.

domingo, 21 de enero de 2018

La intimidad de la quemadura

"¿Era una mariposa nocturna o una polilla? Nunca he podido distinguirlas. Pero algo era seguro: las mariposas de la noche se hacían polvo entre los dedos, como si no tuvieran órganos ni sangre, casi como la ceniza quieta del cigarrillo en el cenicero cuando se la tocaba apenas. No daba asco matarlas y se las podía dejar en el piso, porque a los pocos días se desintegraban. Otra cosa: no era cierto que se quemaban automáticamente cuando se acercaban al calor. Alguien le había dicho que era así, se incendiaban ni bien rozaban la luz caliente, pero ella las veía golpearse una y otra vez contra la lamparita, como si disfrutaran de los impactos, y salir ilesas. A veces se aburrían y salían volando por la ventana. Otras, era cierto, se morían  adentro de la lámpara de pie: se cansaban o a lo mejor se daban por vencidas o les llegaba la hora; como afuera se quemaban de a poco, aleteaban golpeando la pantalla hasta que se quedaban quietas. A veces se levantaba en medio de la noche a vaciar la pantalla de mariposas-polillas muertas, cuando el olor a quemado le hacía arder la nariz y no la dejaba dormir. Rara vez se acordaba de apagar la luz antes de irse a dormir"

De "Los peligros de fumar en la cama" de Mariana Enriquez, Anagrama, 2017.

martes, 9 de enero de 2018

Fragmento de un cuento

Cuando nací, podría la noche haber hecho del grito un collar de alondras negras. Sin embargo estoy aquí callada viendo cómo los ojos de mamá se están cociendo en el barro. Me limpio. Desde la cocina oigo a mamá decir a la abuela que la niña de Lola murió anoche de unas fiebres. Que hoy va a ser el entierro. Veo cómo las moscas se alejan de las ventanas para acercarse a la fruta. Mamá intenta espantarlas con las manos. La abuela hace el mismo gesto. Las manos de la abuela son iguales que las manos de mamá. Las manos de la abuela son más grandes que las mías. Hija, coge el matamoscas. Cae una al suelo. Las demás aprietan sus cuerpos para que el golpe no se las lleve a la otra orilla.

viernes, 27 de octubre de 2017

Pido algo de luz en este caos

Tengo una necesidad de escribir por aquí, tengo algo en mente pero es lejano, es un pequeño trozo deshilado, quiero que tenga forma.
Esta semana ha sido un manojo de nervios y pastilllas para dormir. 
Se resume en papeles, inseguridad, examen, exclusión, corre el tiempo.
Apenas algo para otro proyecto, para la lectura.
Otro trozo ailsado, el comienzo inseguro de un rito, una canción: dar voz a la tierra.
Dar voz a la calma.
Ayer fuego en el estómago.
Hoy deseo que la herida no vuelva a abrirse.

domingo, 10 de septiembre de 2017

La celebración



Sophie Lécuyer

He querido crear con mis manos casi vacías con mis útiles rudimentarios un festival para el goce.

Sara Torres, Conjuros y cantos (Kriller71, 2016).